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Norteamérica es más que un mercado

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09.07.2026

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Cuando México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, creyó ingresar a una nueva etapa de su historia. La apuesta era abrir la economía, atraer inversión, integrarse a las cadenas productivas de Estados Unidos y Canadá, y convertir el comercio en el principal motor de la modernización. El TLCAN fue muchas cosas, pero, sobre todo, fue una promesa: México dejaba atrás la economía cerrada y entraba, por la puerta norteamericana, al mundo de la globalización.

Treinta y dos años después, ese espacio geográfico responde a lógicas distintas. La decisión de Estados Unidos de no extender automáticamente el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), anunciada el 1 de julio de 2026, es interpretada como una expresión más del estilo negociador de Donald Trump. No conviene descartarlo: Trump gobierna mediante presión, incertidumbre y amenaza. Pero reducir el episodio a su temperamento es perder de vista una transformación mucho más profunda: Norteamérica dejó de ser solo un mercado integrado para convertirse en una región de seguridad estratégica.

El TMEC no desaparece. Sigue vigente. Sin embargo, al no renovarse automáticamente, entra en un periodo de revisiones anuales y, si los tres países no acuerdan extenderlo, concluiría en 2036. Durante décadas, los tratados comerciales buscaron reducir la incertidumbre. Ofrecían reglas estables para que empresas, gobiernos e inversionistas planearan a largo plazo. Hoy la incertidumbre deja de ser un problema y comienza a formar parte del instrumento de negociación.

El TLCAN nació en el momento de mayor confianza en la globalización. Terminada la Guerra fría, el comercio produjo prosperidad e interdependencia. Los tratados redujeron aranceles, protegieron inversiones y ofrecieron........

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