Festival Benengeli 2022: El barco de las promesas rotas (fragmento)
Nombre de usuario o dirección de correo
Contraseña
Recuérdame
Puedes leer aquí otros relatos del Festival Benengeli 2022.
Temía Babelia amar de nuevo, ay, cuánto miedo tenía del amor. Pero no podía evitarlo. Temía, claro. La primera vez el amor no había causado más que desgracia en su vida. Su vida tan perfecta y claramente delineada desde antes de su nacimiento, cuando los augurios vaticinaron que habría de construirse una gran torre en Farhad, una torre que sería depositaria de las lenguas del mundo, pero también resguardo y memoria de lenguas extintas o en peligro de serlo. Allí se guardarían gramáticas y diccionarios, tratados y manuscritos, pergaminos y tablillas, todo lo que pudiera contener registro de los idiomas hablados y escritos por los humanos desde su aparición en el mundo.
Farhad era entonces una población pequeña, fundada en el oasis del mismo nombre, rodeada por el desierto y alejada de las rutas del comercio y de las caravanas de sal. Sus habitantes estaban dedicados a la siembra de cereales y verduras, de limones y naranjas, de granadas y dátiles, al pastoreo de cabras y camellos, pero también a la música, que los habitantes de Farhad eran dados al canto y al toque del tambor y del ûd.
Al conocerse el oráculo, sus habitantes dudaron. Pensaron en la Torre de Babel y recordaron la suerte de Hipatia, astrónoma, filósofa, matemática, inventora del astrolabio y de la esfera plana, y última directora del Museo de Alejandría, quien fuera asesinada por cristianos que la apuñalaron con caracoles afilados, porque consideraban que la filosofía griega y los conocimientos científicos eran manifestaciones paganas.
Temían que algo así ocurriera a una de sus mujeres, definido como estaba que quien habría de gobernar en la Torre sería una mujer de gran conocimiento. Tanta erudición no podría caber en una sola inteligencia, pensaron algunos. Con todo, los videntes aseguraron que esta mujer en particular traía la virtud de las lenguas en su boca, concebida y nacida para dicha tarea. Además, no debían cuestionarse los designios del oráculo, mandatos enviados a los hombres por la Divinidad misma. Era cuestión de ejecutarlos. Y mientras la Gran Torre comenzó a construirse, la niña era educada para aprender todos los idiomas que el ser humano hubiese hablado a lo largo de la historia de su paso por el mundo.
Sin embargo, los sabios olvidaron el idioma más importante, el que no está escrito en ninguna parte, el que no tiene gramática ni sintaxis ni verbos ni ortografía ni semántica ni dialéctica ni acentos ni monosílabos ni pronunciación incorrecta: el idioma del amor.
Él era un escriba egipcio. Llevado especialmente hasta Farhad para ser el tutor de Babelia en jeroglíficos, escritura hierática, escritura demótica y lenguaje cóptico. Todo lo sabía este escriba llamado Hor.
No solo era hábil en escritura y dibujo, sino también en descifrar símbolos oníricos. Escribía oráculos que recibía a través de sus sueños. Quien necesitara de un consejo, de una premonición, de una advertencia, acudía a él. Éste tomaba las manos de la persona........
