menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Sheinbaum con más poder y el país más vulnerable

22 38
17.02.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

En agosto pasado, Omar Reyes Colmenares –un policía cercano a Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública– sustituyó  a Pablo Gómez al frente de la Unidad de Inteligencia Financiera. A fines de noviembre, la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República le permitió a Claudia Sheinbaum imponer –luego de un apresurado simulacro de consulta y elección en el Senado– a una de sus más cercanas colaboradoras, Ernestina Godoy, al frente de esa institución. El pasado 1 de febrero, la presidenta le ganó (gracias a una ayudadita del Departamento de Justicia de E.U.) las “vencidas” a Adán Augusto López Hernández, el “hermano” de AMLO, y por fin pudo desplazarlo de la coordinación de la bancada de Morena en el Senado.

El empoderamiento de la titular del Ejecutivo es evidente, innegable y preocupante. Controlar la UIF le permitirá disponer de la información financiera y fiscal y congelar las cuentas bancarias de cualquier ciudadano.

El poder de la FGR es enorme: el uso discrecional de la justicia ha sido el instrumento de control político por excelencia desde hace un siglo. Sheinbaum se tardó un año en conseguirlo, pero lo logró. Sin Gertz ¿habrá diferencia sobre cómo se empleará? No lo creo.

En cuanto el caso del liderazgo de los senadores morenistas, más que ampliar su poder, le quita de encima a un político hipócrita, pedestre y soberbio, que se deleitaba en obstaculizar las decisiones de Sheinbaum aparentando lealtad. Ignacio Mier no es claudista, pero es institucional y le debe el puesto, al menos parcialmente.

El regocijo que ha causado entre los simpatizantes de la presidenta que se haya liberado de esos tres personajes y ganado margen de maniobra frente a López Obrador sin causar ninguna crisis política es al mismo tiempo el reconocimiento tácito de que la 4T está montada sobre un caudillo que no la ha dejado gobernar, que goza de un poder al que no piensa renunciar y que sigue obstaculizando los cambios que requiere el país. Solo que no se atreven a reconocer esa perniciosa deformidad del poder: la dualidad del mando.

Si algo se demostró en el primer año de gobierno de Sheinbaum es que no va a darse una ruptura ideológica ni programática, pues comparte y coincide en lo esencial del proyecto de AMLO: la construcción del régimen político autoritario (la aprobación de la reforma judicial es logro suyo y la imposición de la electoral pronto lo será), el estatismo económico (preeminencia de Pemex y CFE), la política social basada en transferencias monetarias y no en construcción de instituciones que garanticen los derechos sociales, el amor a la dictadura cubana, etcétera.

Una vez resuelta la interrogante sobre el deslinde ideológico y programático, quedan dos preguntas por responder. La primera, si Sheinbaum logrará independizarse del caudillo por completo o mantendrá la dualidad de mando. Porque si bien con el despido de Gómez, Gertz y López Hernández amplió su margen de maniobra, la dualidad........

© Letras Libres