Pobre de la tierra prometida
Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo
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El primer libro que leí de la escritora Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) fue La Habana en un espejo (2005),una crónica memoriosa de sus años en Cuba en la década de los setenta, cuando todavía la pesadilla revolucionaria se creía sueño de futuro. Como suele ocurrir cuando se leen buenos textos sobre el socialismo del siglo XX, nunca deja de sorprender el abismo entre palabras y hechos propio de estos regímenes políticos. La honestidad de Guillermoprieto es el extremo opuesto de, palabras de Raymond Aron, esta disciplina de la mentira que presenta como superioridad moral revolucionaria y antiimperialista lo que no es más que propaganda y manipulación ideológica.
Su último libro, Esta improbable tierra prometida. Historias de América Latina en este siglo (Debate, 2026), manifiesta la insobornable disposición ética de la autora, independientemente de que no comparto alguna de sus claras posturas frente a temas álgidos y controversiales. Insisto en el tema de la honestidad porque como venezolana me ha tocado leer un sinnúmero de textos sobre mi país, incluso de plumas muy respetables, que caen en afirmaciones rotundas sin investigar previamente con la atención que exigen los asuntos políticamente delicados. Si bien mi conocimiento sobre otros países de la región es más limitado que mi bagaje venezolano, conozco las realidades que describe Guillermoprieto e infiero que las ha tratado con el mismo cuidado que a esa papa caliente de la izquierda llamada Revolución bolivariana.
La recopilación organiza las crónicas en cuatro áreas temáticas: De demonios y dolor; De gobernantes y rebeldes; Héroes; Belleza y fe. En la primera, hace un mapa del mal que se extiende entre México, Colombia, Nicaragua y El Salvador. Comienza con el sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la riquísima orden religiosa de los Legionarios de Cristo, imbuido de su rol providencial de líder de juventudes bendecido por sucesivos papas. Genio de las relaciones públicas, Maciel era un hombre capaz de quedarse con el patrimonio de los laicos cercanos a la orden mientras promovía en nombre de dios un conservadurismo extremo en cuanto a roles de género y cambio social, además de abusar sexualmente hasta de sus propios hijos menores, engendrados en un matrimonio falso con una mujer que no sabía con quién se había casado.
Esta megalomanía hipócrita de varón sin límites se nota en el líder de los paramilitares colombianos, Carlos Castaño. Guillermoprieto hace una lectura de Mi confesión: Carlos Castaño revela sus secretos (2002),........
