Morton Feldman, un fractal de sonido y silencio
Nombre de usuario o dirección de correo
Quería resucitar la experiencia de escuchar la música de Morton Feldman justo cuando se está haciendo. Revivir mi primer contacto con los sonidos del compositor de vanguardia estadounidense. Fue en 1993, hace más de treinta años, cuando escuché la grabación de Piano and string quartet con la pianista japonesa Aki Takahashi y el cuarteto estadounidense Kronos. Y ahí estoy de nuevo, reincidente, ahora en una sala de conciertos, la Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México. Percibo la espaciada caída de las notas de sus Intermissions 1, 2 y 3 por obra y gracia del pianista mexicano Francisco García Torres.
El primer centenario del natalicio del compositor estadounidense se cumplió apenas el pasado 12 de enero. El afamado crítico Alex Ross se quejó en las páginas de The New Yorker que Feldman no había merecido una celebración en los primeros días del año en su tierra natal, la ciudad de Nueva York. Mejor hubo maratones en la Universidad de Buffalo, donde Feldman dio clases varios años de su vida, y en Los Ángeles, California. Los cinco conciertos celebrados el 12 y 13 de enero en el Center for 21st Century Music de la Universidad de Buffalo pueden apreciarse en YouTube.
La Ciudad de México también se sumó al reconocimiento de Feldman –sin duda, un autor de minorías–, gracias a la pasión por la música contemporánea y al entusiasmo para difundirla del Ensamble del Centro de Producción y Experimentación de Música Contemporánea (Cepromusic) y su director artístico, José Luis Castillo, un español con largas, profundas y fuertes raíces en México.
Ahí estoy, el sábado 31 de enero, en el concierto inaugural de la temporada 2026 del Ensamble Cepromusic. García Torres interpreta las Intermissions. Reparte notas. Parecen gotas de una lluvia que amaina. En esos intervalos –también podría llamarlos recesos o descansos–, cae un celular en la duela del lado derecho de la sala; luego otro del lado izquierdo. El pianista repara en ambos incidentes sonoros, pero prosigue, avanza notas, siembra sonido en el tiempo. Son cinco minutos cautivantes, de pura revelación.
No se me dificulta recuperar mi primer contacto con la música de Feldman: la audición en CD de aquel cuarteto de cuerdas con piano. Todo un desafío para mi percepción: por unos instantes sentía que no sucedía nada y en otros que todo cambiaba. Transformación permanente, pero en una suerte de cámara lenta. Un fractal de sonido y silencio expandiéndose, hallando sitio; un lienzo en el que se iban manifestando trazos que muy pronto ya eran otros. Podría........
