“Foreign tongues”, o hay Stones para rato
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¿Conviene prestarle atención a Foreign tongues, el nuevo álbum de los Rolling Stones, su vigésimo quinto, disponible en plataformas digitales desde este viernes 10 de julio? ¿Vale la pena distraer al lector, comentando aquí la nueva música de estos octogenarios cuando, por ejemplo, un dueto enmascarado de Quebec –Angine de Poitrine– innova musicalmente y confronta, aunque sea marginalmente, el modelo de promoción en la industria?
El 26 de junio pasado, Polydor/Universal Music, disquera de la banda, me ofreció escuchar su nuevo álbum por adelantado; solo tenía que firmar un acuerdo de confidencialidad y no circular la grabación. Ni siquiera mi distracción futbolera impidió que durante esta quincena se infiltraran naturalmente en mi cuerpo estas catorce canciones. Fan de los Stones desde la adolescencia, admirador de su resiliencia y obstinación, testigo de su irrevocable ambición, debo reconocer que, si bien no hallé ninguna “Sympathy for the devil”, “Gimme shelter”, “Wild horses”, ni “Paint it black”, se trata de un producto impecable, valioso y sumamente disfrutable.
Soy de los que esgrime que Sticky fingers (1971), Exile on Main St. (1972) y Some girls (1978) son clásicos indiscutibles en la nutrida discografía de las Piedras Rodantes, y desde la primera oída me pareció que Foreign tongues se asemejaba a Some girls en tono, alcance, diversidad e intensidad, lo que no es decir poco. Me emocionó la declaración de principios que percibí en el modo de inaugurar y clausurar el volumen: “Rough and twisted”, el corte inicial, es un blues robusto, machacón y poderoso que reafirma a los Stones como la mejor banda de blues de Chicago fundada en Londres. Y cerrar con “Beautiful Delilah”, de Chuck Berry, no solo es darle su lugar a uno de los grandes del arte que nos ocupa, sino reconocer a la gran........
