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A ver si no pare la mula

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07.04.2026

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Las amenazas son tan antiguas como los dioses y suelen pronunciarse en tono de bravuconada. “Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo su pie resbalará, porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura”.

Cristo era muy pacífico, pero también amenazaba como no queriendo la cosa, con alguna parábola: “Vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y a la hora que no sabe, y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro y el crujir de dientes”, o más directamente: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” o “después de la aflicción de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas”. La cosa era meter miedo. Eso que solemos llamar el Juicio Final, los antiguos, sin eufemismos, le llamaban el Día de la Venganza.

Verdad es que a muchas de las amenazas proferidas por gente de los dioses se les conoce como profecías. Pues cuando un general invasor, ante la muralla de una ciudad, dice “no quedará piedra sobre piedra”, resta una lucha incierta por delante; pero cuando lo dice el cristo, es tan inevitable como que Edipo se revuelque con su madre.

Aquiles, muy seguro de su ventaja, le dice a Héctor: “Ya no tienes escapatoria; Palas Atenea te doblegará pronto por medio de mi pica. Ahora pagarás juntos todos los duelos por los compañeros míos que has matado con tu furibunda pica”. Cuando Aquiles le lanza la pica y falla, Héctor le espeta: “No has resultado ser más que un........

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