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¿Qué vemos en las palabras?

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27.04.2026

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El cine es una omnipresencia en la mente de muchas personas. Para elogiar cierto pasaje de alguna novela, no falta quien diga que es muy “cinematográfico”, cediéndole a la pantalla lo que podría estar en la imaginación. Me consta que antes de 1890 nadie elogió una novela con semejante adjetivo. Y mejor pregunto a un etimólogo si la palabra se construyó correctamente, si se trata de grafos en movimiento.

Esta semana escuché a una persona decir que, mientras leía, se iba haciendo la película de lo narrado en la cabeza. Sospecho que se trata de un despropósito. La lectura de una novela no avanza si constantemente estamos haciendo kinoimágenes en la cabeza. El cerebro es tan lúcido que entiende las palabras sin pasarlas por un traductor de texto a imagen. El cerebro también es tan práctico que no se desgasta creando vestuarios, decorados y escenografías.

Hay pasajes que no invocan imágenes: “Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre”.

Pero aún ahí donde hay algún estímulo visual, me es difícil pensar en una mente montándose imágenes en la cabeza. “El rudimentario laboratorio –sin contar una profusión de cazuelas, embudos, retortas, filtros y coladores– estaba compuesto por un atanor primitivo; una probeta de cristal de cuello largo y angosto, imitación del huevo filosófico, y un destilador construido por los propios gitanos según las descripciones modernas del alambique de tres brazos de María la judía.”

Hay muchos modelos de destiladores, construidos o no por gitanos. Puedo imaginar cualquiera, aunque también puedo pasar por las palabras, sabiendo bien lo que es un destilador sin necesidad de pensar en las formas de tanques, calderas o serpentines, de tal o cual capacidad, si de cobre u otro material si puesto en el suelo o sobre un soporte si…

He leído varias veces Anna Karenina y Madame Bovary, sin tener claro en mi cabeza cómo es Anna o Emma. Nunca, caminando por la calle, me he topado con alguien que se parezca a Ixca Cienfuegos ni a Palinuro de México ni a Demetrio Macías ni a Aureliano Buendía ni a Horacio........

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