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Salvar la poesía, salvar el mundo

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01.06.2026

Ciudad de México, 2025, 208 pp.

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Si uno se limitara a leer el prólogo de esta Antología personal para saber quién es Luis García Montero (Granada, 1958), creería que es un poeta mexicano, estudiante de excelsos hispanoamericanos y, en consecuencia, de los grandes mexicanos: José Emilio Pacheco, Bonifaz Nuño, Jaime Sabines. Él lo reconoce y el prologuista, Marco Antonio Campos, así lo confirma: nadie en la península “ha mantenido un diálogo más sostenido” con la poesía latinoamericana y mexicana que García Montero.

En los años ochenta y noventa García Montero practicaba una variante soft de la poesía civil. Algo que, en un volumen de ensayos editados en coautoría con Antonio Muñoz Molina, el poeta cabeceaba sin recato: “Observaciones en defensa de una poesía para los seres normales” –subtítulo de su ensayo “¿Por qué no sirve para nada la poesía?” (1993)–. En esa época de tecnocracias enloquecidas, los poetas de la experiencia reivindicaban y se comprometían con la salud de una lírica confiada y natural, lo más distante posible de los juguetes enrarecidos de los “novísimos”, la generación inmediatamente anterior que había vapuleado a la poesía social de posguerra (abanderada por Blas de Otero, quien escribió Pido la paz y la palabra en pleno franquismo). Según José María Castellet, antologador de los “novisímos”, al grupo lo integraban seniors como Vázquez Montalbán y Martínez Sarrión, más una hiperactiva coqueluche: Pere Gimferrer, Félix de Azúa, Leopoldo María Panero, etc. Por su parte, la Poesía de la Experiencia estaba compuesta, entre otros, por Javier Egea, Juaristi, Benítez Reyes y el más famoso, Luis García Montero.

Precisamente el mismo año de este ensayo en favor de la poesía salutífera, García Montero se consolidó como uno de los poetas más leídos y reconocidos gracias a su libro Habitaciones separadas, que obtuvo el Premio Loewe 1993. El jurado estaba presidido por Octavio Paz, Luis Antonio de Villena y uno de los “novísimos”, Pere Gimferrer, nada menos. Paz destacó entonces una característica que García........

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