Cuando baja el costo del prejuicio
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Los gobiernos de los últimos ocho años han revivido la idea del “injerencismo” extranjero para utilizarla con fines políticos. La acusación no está dirigida a un grupo en particular, sino a aquello que, supuestamente viniendo de fuera, es acusado de contaminar lo que ocurre dentro del país: la lista puede ir desde el gobierno de Estados Unidos a una pequeña organización civil mexicana pro derechos humanos que cuenta con financiamiento del exterior. Pero la acusación nunca habla solo de los de afuera, también implica un juicio sobre la lealtad de los de adentro.
Se apela a la amenaza extranjera cuando un determinado grupo político busca lograr consenso por la vía fácil. Con ello seguramente conseguirá apoyos viscerales de quienes se envolverán en la bandera patria para defender “lo nuestro”, sea esto lo que sea. Así, se escucharán desde las tribunas palabras como “soberanía nacional”, asociada al verbo “defender”, y a los sustantivos “pueblo”, “patria”, “dignidad”, “justicia”, “principios”, “mexicanos de verdad”, “vendepatrias” y otros más. En todos lados el discurso es prácticamente el mismo.
Cuando el presidente Trump anunció el aumento de aranceles a México, en marzo de 2025, la presidenta Sheinbaum convocó a una marcha “en defensa de la soberanía”, no de la economía, y ante las acusaciones sobre el vínculo entre algunos funcionarios públicos y el crimen organizado la respuesta fue, también, defender a la patria. El pasado 15 de septiembre, al grito de “¡viva la independencia!” se sumó el de “¡viva la soberanía!”. “México no se doblega, no se arrodilla y México nunca se vende”, dijo la presidenta antes de que iniciara el desfile militar del día 16.........
