Las dos Kusamas
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En 1999, el grupo de art punk Le Tigre regaló a la tercera ola feminista un himno generoso, “Hot topic”, cuya letra consistía en un largo name-check de artistas, escritoras, activistas y figuras queer. Algunas célebres: Gertrude Stein, Nina Simone, Angela Davis, James Baldwin. Otras, entonces prácticamente desconocidas para el gran público, entre ellas Yayoi Kusama.
“Te dirán que te estás haciendo vieja, pero me da igual: yo seguiré escuchando”, “no pares nunca; no sobreviviré si lo haces”, eran algunos de los estribillos de batalla de “Hot topic”. La canción recordaba que la permanencia de las artistas mayores en la memoria cultural distaba de estar garantizada y que seguir escuchándolas y nombrándolas era una forma de resistir su desaparición. A finales de los noventa, una gran retrospectiva dedicada a una artista mayor todavía activa era una rareza (podría discutirse que aún lo es).
Johanna Fateman, integrante de Le Tigre y coautora de la canción, recordaba en un podcast reciente cuándo había descubierto a Yayoi Kusama. Música y crítica de arte, Fateman no conseguía situar con precisión el momento: “Su nombre está en […] “Hot topic”. Así que en algún momento entre 1994 y 1999 debo haber escuchado hablar de ella”. Helen Molesworth, curadora y conductora del podcast, sugiere que quizá fue durante la retrospectiva Love Forever: Yayoi Kusama, 1958–1968, organizada en 1998 por el LACMA y la Japan Foundation, en colaboración con el MoMA.
Dependiendo de su edad y de qué tan lejos esté del epicentro del mundo del arte, quien lea este texto probablemente tenga en su teléfono una selfie hecha en alguno de los Infinity mirror rooms (salas de espejos infinitos) de Kusama que le permita recordar con precisión cuándo conoció su obra. Para la generación X, a la que tanto Fateman como yo pertenecemos, Kusama pasó de ser una artista de culto a encarnar una nueva experiencia museística: inmersiva, interactiva y selfie-ready (“el fenómeno Kusama”).
¿Cómo pasó Yayoi Kusama de colarse en la Bienal de Venecia de 1966 para instalar sin permiso cientos de esferas espejadas en los Giardini, a protagonizar una retrospectiva en el Museo Tamayo para la que la gente hacía fila desde las dos de la mañana?
¿Cómo se hace cuadrar ese círculo?, pregunta Helen Molesworth sin advertir, creo, la ironía.
Tampoco recuerdo cuándo conocí la obra de Kusama, pero la primera retrospectiva que vi de ella fue en 2011, en la Galerie Sud del Centre Pompidou. Ya entonces había instalaciones muy cercanas a lo que hoy entendemos como la “Kusama para selfies” o “Kusama de Instagram”, y la exposición batió el récord de asistencia para una muestra monográfica contemporánea en esa galería, con casi 200 mil visitantes. El fenómeno social, sin embargo, todavía estaba por llegar.
En esa muestra había una sección dedicada a la obra temprana de Kusama y un letrero a la entrada que recomendaba a los espectadores sensibles abstenerse de entrar. Ahí descubrí a........
