Entrevista a Jonathan Coe: “La sátira es más fácil que nunca: ya no hace falta inventar nada, solo cortar y pegar”
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Jonathan Coe (Birmingham, 1961) escribe novelas de humor sobre política: desde ¡Menudo reparto!, que satirizaba el thatcherismo, a El corazón de Inglaterra, que trataba del Brexit. La más reciente, Las pruebas de mi inocencia (publicada, como el resto de su obra en español, por Anagrama), tiene algo de tour de force y de broma posmoderna. Músico, autor de una hermosa novela breve que giraba en torno a Billy Wilder (El señor Wilder y yo), con algo de artesano experto en la construcción de las historias, dice que se ha alejado de la sátira, donde el autor pretende convencer de un solo punto de vista, y ha ido evolucionando hacia una visión más polifónica.
“Mi intención –dice, a propósito de Las pruebas de mi inocencia– era escribir un libro muy sencillo, lúdico, una especie de pastiche del género del cozy crime. Pero se fue complicando. Hacía tiempo que tenía la idea de una historia de misterio sobre un escritor que decide fingir su propia muerte y reinventarse como crítico, escribiendo libros sobre sí mismo, para impulsar su reputación.
En cuanto decidí incorporar eso, el marco temporal se amplió considerablemente. Tenía que remontarse a los años ochenta. Y entonces decidí que era el momento de escribir sobre mis años de estudiante, algo que nunca había hecho antes.
Así que el libro se complicó mucho más de lo que pretendía. Y ahora, cuando alguien me pregunta de qué va, me lleva veinte minutos explicárselo.”
Juega con tres géneros: el cozy crime, el dark academia y la autoficción.
En cuanto tomé la decisión de que la historia abarcase cuarenta años en lugar de las siete semanas del mandato de Liz Truss como primera ministra, me di cuenta de que un solo género no iba a ser suficiente. Llamo dark academia a la sección central porque hay algo de Donna Tartt en la manera en que escribo sobre Cambridge. Pero también hay una serie de novelas británicas, no sé si son muy conocidas en España, que escribió en los años cincuenta un autor llamado Mervyn Peake. Están ambientadas en un enorme castillo llamado Gormenghast. El elenco de personajes es enorme. Son muy grotescas, dickensianas en algunos aspectos.
Y eso usted lo lleva a Cambridge.
La atmósfera de esa trilogía me hace pensar en Cambridge, porque Cambridge para mí, un joven de provincias a principios de los ochenta, era un lugar muy extraño y misterioso. Por supuesto era glamuroso, vivías en esos edificios antiguos maravillosos y sentías el peso de la historia. Pero también era un lugar muy difícil de entender. Tenía sus códigos de comportamiento, sus jerarquías, sus secretos. Yo era muy ingenuo y me llevó mucho tiempo entender todo lo que ocurría a mi alrededor.
Otro de los temas es el cambio en el conservadurismo.
Me interesa y también me alarma enormemente la manera en que el conservadurismo se ha radicalizado en las últimas cuatro décadas, pero se ha acelerado de verdad en Gran Bretaña desde el Brexit en 2016. Mi primer libro publicado en España fue ¡Menudo reparto!, que es una sátira del thatcherismo. Siempre he tenido cierta obsesión con el personaje, con la personalidad de Margaret Thatcher, a quien detestaba profundamente en su momento. Pero ahora no puedo evitar pensar que estaría horrorizada por lo que su legado ha generado en Gran Bretaña. Creo que no habría querido abandonar la Unión Europea por razones pragmáticas, porque no tiene ningún sentido económico.
Ella decía lo de I want my money back.
Lo que me parece extraño del Brexit es que fue una decisión puramente ideológica, y los británicos no son realmente una nación ideológica. Desde todos los puntos de vista prácticos, económicos, comerciales, no tiene ningún sentido abandonar la Unión Europea. Sin embargo, teníamos una idea ideológica muy abstracta de soberanía, que en el mundo moderno realmente no significa nada, y se permitió que prevaleciera sobre todo lo demás.
Ahora tenemos en Gran Bretaña una extraña especie de hiperrealidad en la que todos intentan hacer ver que el Brexit fue una decisión racional. Incluso el Partido Laborista tiene ese eslogan: “Sí. Podemos hacer que funcione.” Ha borrado miles de millones de la economía y nadie lo admite todavía. La señora Thatcher habría encontrado esa situación muy ridícula. Desde que escribí este libro, la naturaleza del movimiento conservador ha cambiado aún más en Gran Bretaña y ahora se ha convertido en algo con una veta muy dura de nacionalismo antiinmigración.
Tenemos un movimiento llamado Raise the Colours, en el que la gente pone banderas de San Jorge en todas las ciudades. En Londres no se ve tanto, porque Londres es un lugar diferente, mucho más diverso y tolerante que el resto del Reino Unido, pero si vas a cualquier ciudad de provincias ves calles llenas de banderas, carreteras pintadas.
Y para la población inmigrante es muy intimidante, creo, como se pretende que sea. Es una declaración amenazadora. Y ese nacionalismo beligerante tampoco formaba parte del pensamiento de la señora Thatcher, creo. No digo que me haya convertido en admirador suyo, pero la ventana se ha desplazado mucho hacia la derecha desde que ella estaba en el poder.
También es interesante en el libro la tensión generacional, con Phyl y Rashida y sus padres, y también con la política, con los jóvenes que piensan: vosotros votasteis a Liz Truss o el Brexit y ahora las consecuencias son para nosotros…
Tengo hijas en la veintena. Me interesan mucho sus opiniones y las de sus amigos, y cómo ven su futuro y el presente que mi generación ha creado. Intenté capturar los dos lados con Phyl y Rashida, porque Phyl acepta más el mundo que ha heredado y Rashida es más rabiosa y directa al respecto. La relación entre estas generaciones se está volviendo cada vez más compleja.
Con el Brexit me pareció bastante claro porque el voto estaba dividido en líneas generacionales: fueron principalmente los votantes mayores quienes votaron por salir de la ue, y los jóvenes, que valoraban su identidad europea y la libertad de movimiento por encima de todo, por quedarse. Mi hija estaba llorando la mañana del referéndum del Brexit porque tenía el sueño de vivir en otros países europeos cuando fuera mayor. Ahora se está complicando un poco más porque, para mi sorpresa –y no acabo de entenderlo–, la extrema derecha está empezando a atraer a bastantes votantes jóvenes.
Sobre todo hombres; quizá tiene que ver con una reacción contra el feminismo, y cada vez más hombres jóvenes parecen sentirse atraídos por Reform en el Reino Unido. También es una cuestión de redes sociales, porque la derecha suele ser mejor con las redes sociales que la izquierda. Nigel Farage se desenvuelve muy bien en........
