El Salón de Gascón: Cómo limitar el poder, y la caótica vida de Benjamin Constant, con Ángel Rivero
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En este nuevo episodio de nos acompaña Ángel Rivero, profesor de teoría política de la Universidad Autónoma de Madrid. Junto a él nos adentramos en la fascinante y paradójica vida de Benjamin Constant: un hombre de moralidad laxa pero firme defensor de la ley moral, romántico, ludópata y autor de grandes obras autobiográficas como “Adolphe”.
Más allá de sus contradicciones personales, exploramos su vigencia como teórico político y su lucidez para desarmar los mecanismos del populismo antes incluso de que este concepto existiera. Analizamos su célebre distinción entre la “libertad de los antiguos” y la “libertad de los modernos”, su incansable defensa de la libertad de expresión como límite al despotismo, el papel de la monarquía parlamentaria como un poder neutro estabilizador, y la sorprendente huella que dejó su obra en la España del Trienio Liberal.
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[Aquí una transcripción editada de la conversación.]
DANIEL GASCÓN: Muy buenas. Bienvenidos a El salón de Gascón en Letras Libres España. Hoy tenemos con nosotros al profesor de teoría política de la Universidad Autónoma de Madrid, Ángel Rivero, que además es escritor y ensayista, ha editado las obras de Isaiah Berlin y también del autor del que vamos a hablar hoy, que es Benjamin Constant. Muchas gracias por estar con nosotros.
ÁNGEL RIVERO: Gracias a vosotros por la invitación.
DANIEL GASCÓN: La pregunta, porque cuando estábamos organizando esto te pregunté de qué podíamos hablar, tú me dijiste que uno de los temas interesantes era Constant. ¿Por qué te parecía que era adecuado?
ÁNGEL RIVERO: Porque tiene la ventaja frente a otros clásicos de que no exige estudio a los lectores, porque habla en un lenguaje muy directo y muy transparente con preocupaciones que todavía son las de los modernos. Él se dirige a los modernos, y yo creo que nosotros somos también modernos. Y eso lo hace fácil, lo hace relevante, y no es un ejercicio historiográfico, sino que nos da claves sobre nuestro propio presente.
DANIEL GASCÓN: Todavía somos modernos, ¿no?
ÁNGEL RIVERO: Todavía somos modernos, claro, yo creo que es un tiempo de incertidumbre, y como estamos en la misma incertidumbre, porque los intentos de cerrar la modernidad no han conducido a ninguna parte, como ya sabía Constant, pues seguimos en lo mismo.
DANIEL GASCÓN: Es verdad que tiene una escritura que es muy moderna y que muy rápidamente la entiendes y puedes conectarla con fenómenos actuales, pero también tuvo una vida que es apasionante y que está llena de paradojas y de aventuras y de contradicciones. Si puedes darnos un bosquejo, porque además tú tienes una biografía de Constant.
ÁNGEL RIVERO: Sí. Como personaje romántico también eso lo hace atractivo, porque no es un héroe ni nada parecido, es más bien un antihéroe, y él es el principal divulgador de sus propios defectos y sus vicios. Y eso hace que genere una cierta atracción morbosa leer sus confesiones. Es un ser un poco atormentado que vive una libertad como ruptura con cualquier compromiso, particularmente en la parte afectiva, y eso yo creo que es interesante, pero al mismo tiempo lo confiesa con culpa y con una búsqueda de felicidad interesante. Yo creo que eso hace que sea muy moderno en el sentido de que el ejercicio de la libertad señala que tiene un precio sobresaliente, y que la felicidad no es algo que se conquiste a través de ese ejercicio.
DANIEL GASCÓN: En este libro que se llama El cuaderno rojo, que es una especie de autobiografía de juventud, Manuel Arranz hace el prólogo y cita una descripción de Émile Faguet que lo describe: “Un liberal que no es optimista, un escéptico dogmático, un hombre sin ningún sentimiento religioso que se pasa la vida escribiendo sobre la religión, un hombre de moralidad muy laxa que basa todo su sistema político en el respeto a la ley moral, y además un hombre de una maravillosa rectitud de pensamiento y una conducta más que dudosa. Nunca supo lo que quería, pero siempre supo lo que pensaba”.
ÁNGEL RIVERO: Quizá habría que matizar alguna de las afirmaciones, pero sí, estas contradicciones le definen muy bien. Sus relaciones afectivas son siempre problemáticas porque todos sus textos literarios son textos autobiográficos.
DANIEL GASCÓN: Están Adolphe y Cécile, dos novelas.
ÁNGEL RIVERO: Adolphe es una novela; Cécile realmente es una autobiografía ficcionada donde se cambian los nombres. Es la historia de su primer matrimonio, su segundo matrimonio. Después El cuaderno rojo es su biografía desde su temprana edad, que ya se torció desde el inicio.
DANIEL GASCÓN: Él nace en 1767 y su madre muere, ¿no?
ÁNGEL RIVERO: Su madre muere dos semanas después de nacer él, a consecuencia del parto. Su padre es un oficial de un regimiento suizo a las órdenes de Holanda que va de un sitio para otro, y le encomienda primero a su abuela, después a una amante de su padre; después, con 5 años, tiene su primer preceptor y va moviéndose de un sitio para otro. Y eso hace que tenga un poco averiadas sus relaciones afectivas, lo cual creo que marca su vida en buena medida. Tiene problemas afectivos con su padre, son dos personas que se quieren pero no saben comunicarse. Y tiene problemas afectivos con una larguísima lista de mujeres, donde no queriendo hacer daño, y porque es algo pusilánime en su conducta, acaba generando estropicios enormes.
DANIEL GASCÓN: En el libro es muy curioso cómo va pasando por una serie de preceptores y cómo los van despidiendo por una cosa u otra todos. Y luego eso que cuentas del que acaba causando más problemas por no decir las cosas a tiempo es Adolphe. Adolphe es una novela que habla de la modernidad porque también habla de la insatisfacción: alguien que consigue lo que quería y luego cuando lo ha conseguido ya no está tan contento.
ÁNGEL RIVERO: Sí, yo creo que esa es la parte digamos fea que él mismo confiesa. La idea de que en el cortejo amoroso hay un entusiasmo y una pasión que, una vez que se ve coronada, produce insatisfacción y abandono, y entonces viene la culpa, el dolor hacia los otros. Y ese es el tema de Adolphe: un empeño amoroso que, una vez que se corona con éxito, produce el desinterés y acaba en tragedia. No sé qué pensará el lector moderno de todo esto. Yo creo que hay mucha verdad sobre los sentimientos. Es verdad que están proyectados sobre un tiempo distinto, que es el de finales del siglo XVIII y principios del XIX, donde el romanticismo y la vida romántica lo llenan todo de unas pasiones que ahora nos pueden parecer un poco excesivas.
DANIEL GASCÓN: Sí, y con papeles de género distintos. Pero casi asoma Stendhal, casi estás llegando a ese mundo, porque también ese temperamento es heredero de la Ilustración y del Romanticismo al mismo tiempo.
ÁNGEL RIVERO: Efectivamente, y con unos papeles de género muy marcados y unas diferencias muy grandes. De hecho, la única mujer que aparece allí muy asertiva, que es Madame de Staël, él la describe como una mujer hombre, prácticamente. Hay una cosa interesante en cómo son los papeles que tiene cada cual, y el hecho mismo de que las mujeres que se enamoran de Constant, o de sus personajes, siempre son mujeres que acaban en la sumisión absoluta. Eso es tremendo.
DANIEL GASCÓN: Y suelen ser además un poco mayores que él.
ÁNGEL RIVERO: A veces son mayores que él, pero ahí también aparece la mujer experimentada, ocupa un lugar importante en sus amoríos.
DANIEL GASCÓN: Hemos hablado de su vida y sus ligoteos, que son también muy importantes, como la ludopatía, que que marca la relación con el padre porque siempre está con deudas pidiéndole dinero. Pero lo esencial de él es como teórico político.
ÁNGEL RIVERO: Yo creo que sí. Como novelista tiene esto. Me da curiosidad saber cómo recibe el público contemporáneo sus novelas. Yo creo que bien, porque los sentimientos, sus afectos y las experiencias que cuenta son parte también de nuestra propia experiencia, y en ese sentido yo creo que tienen contemporaneidad.
La ludopatía me parece importantísima, porque es verdad que él se inicia, por supuesto, por culpa de sus malos preceptores, ya en la temprana infancia, y hasta el último día de su vida se la pasa jugando y perdiendo. Y eso también yo creo que es un rasgo moderno, porque él busca situarse en el abismo, esa libertad. Recuerdo un poco a Hannah Arendt, esa idea de la posibilidad del comienzo nuevo, la idea de la etapa constituyente como más importante que la gestión política una vez que está el poder constituido. Yo creo que en Constant paradójicamente existe esta idea a través del juego. El juego lo pone todo al borde del abismo y puede significar la desaparición o el renacimiento. Y yo creo que él busca con el juego satisfacer esa pasión, no es por ganar dinero, sino sencillamente por colocarse al límite.
Y curiosamente su vocación política es bastante distinta: es más bien integradora y estabilizadora. Es verdad que de joven siente cierta pasión por la Revolución Francesa, y en el último periodo revolucionario, el periodo termidoriano, intenta participar en política con poco éxito. Pero la política en la que él se desarrolla como teórico es la política de la Restauración, y en eso busca ser conservador de alguna manera. Busca un orden político que no genere incertidumbre, sino que genere inclusión y estabilidad.
DANIEL GASCÓN: Y es un pensamiento político que nace mucho de lo que ha visto y vivido.
ÁNGEL RIVERO: Hay una parte que yo creo que es muy importante de experiencia, porque en su periodo formativo hay una cosa bien interesante: es un cosmopolita, como has hecho alguna referencia en la presentación. Es verdad que nace en Lausana, en Suiza, que curiosamente está bajo el dominio de Berna, con lo cual la afinidad con su propio cantón es más bien difusa. Es miembro de una familia de hugonotes protestantes exiliados en Suiza, de lejana estirpe. Y eso también es importante. En total, es una persona que no está completamente integrada en su medio y que participa de una historia familiar de exilio y de separación. Y yo creo que eso señala también esta búsqueda de estabilidad que aparece en el terreno político. De joven viaja por todos los países de Europa occidental: Alemania particularmente, Gran Bretaña, Francia. Estudia en Edimburgo, una cosa en su plano formativo muy importante, porque allí estudia la Ilustración escocesa, y eso hace que haya un vínculo, como señalabas, entre su experiencia, en la que conoce lo que está pasando en Europa, conoce lo que son los estados alemanes, conoce casi directamente la Revolución Francesa desde la Suiza francesa a través de los exiliados y también a través de........
