Remedios Varo redescubierta por sus personajes
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Quien se quede callado por las noches podrá escuchar todavía cómo crujen los muebles, como si se desperezaran. Sus miembros se sueltan, se sacuden la realidad diurna. Algo similar pasa en el lienzo. Veamos. La delgada pata de una silla se estira y busca algo en el cajón del armario, por cuyas puertas entran las nubes; una pata de la mesita donde reposan las herramientas de tejido se enlaza con ternura con un pie del sillón; este le corresponde con su pata trasera.
Son apenas unos trazos, en apariencia secundarios, de Mimetismo (1957), la pintura de Remedios Varo donde una mujer imita las características del lugar donde se encuentra, quizá para hacerse invisible. La piel de su rostro, por ejemplo, adopta el patrón de la tela con que está forrado el sillón que la soporta. Sus discretos pies, por otro lado, son iguales a las patas de las sillas.
Es evidente que el cuadro tiene una protagonista, pero hay que notar al resto de los personajes. Atenta a la vivacidad y el poder de lo otrora inanimado, Varo borra las fronteras. Para ella, el alma de las cosas es ostensible e inherente a la materia, como el piso de dominó que viste al personaje de Ciencia inútil o El alquimista (1955), cuyo traje es el mismo parqué, se funde con él.
Hay una extraña quietud en todos esos seres tenues, a veces casi transparentes, humanos y antropomorfos, llenos de una música callada y contenida que aguarda unos oídos, y una mirada, atentos, que franquean lo aparente.
Para adentrarse en los personajes de la pintora española, el Museo de Arte Moderno propone Remedios Varo. Habitantes de lo insólito. La muestra es una invitación a........
