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Por qué no se pudo. Una aproximación intuitiva al desbaratamiento de la nueva izquierda

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05.05.2026

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Hagamos historia, prehistoria incluso. Un joven melenudo, de nombre Pablo Iglesias como el otro Pablo Iglesias, brilla como voz discordante en los debates políticos de las pequeñas cadenas ultraconservadoras. Repantigado (odio usar esta palabra, pero es que se repantigaba) en su sillón, repartía certeras estocadas dialécticas a sus rivales sin perder la compostura y la afabilidad. Había nacido una estrella mediática, que pronto se convertiría en el zorro político que supo capitalizar el descontento popular y las movilizaciones del 15M para construir la formación que le llevaría primero a Europa, luego al Congreso y por fin a sentarse en el Consejo de Ministros. Viajemos ahora hacia adelante en el tiempo. Pablo ha llegado a vicepresidente de un gobierno de coalición en el que pronto descubre que apenas pinta nada. Poco a poco, ha dejado de ser ese cordial titán retórico que engatusaba a las multitudes para convertirse en un señor perpetuamente indignado, en el español quizá no bajito y con bigote, pero sí cabreado, del que hablaba el poeta. Los dientes de la sonrisa que jodía al contertulio rival terminaron siendo los dientes de una mueca crispada e indeleble, muy poco vendible en los carteles electorales, muy poco favorecedora en la televisión.Podemos ha sido el único grupo político que ha sufrido desgaste de gobierno (¡y qué desgaste!) sin llegar a él más que de un modo testimonial. Sabemos que gobernó porque así consta en los anuarios, pero gobernar sin mayoría en un consejo de ministros hostil es como tener un novio en Granada, ciudad conocida por la promiscua actitud ante la vida de sus jóvenes. Y lo poco que dejaron gobernar a Podemos fue, en parte, lo que lo hundió. No tardamos en presenciar cómo Pedro Sánchez, que veía a sus socios como un mal menor, se lavaba y frotaba las manos mientras estos huían hacia adelante sacando pecho, qué remedio, por la catastrófica ley estrella que el propio Sánchez certificó como mérito exclusivo de la parte morada del ejecutivo. Llegaremos a eso más tarde. Antes, rebusquemos en la memoria (democrática) hasta encontrar las otras causas del declive.Guerra sucia, sucísima, sucia hasta lo paródicoEs una verdad del tamaño del Palacio de Invierno que vimos juicios dadaístas con alta cobertura informativa contra cualquier cosa que oliera a Podemos, como aquel de la niñera. Recordemos: una empleada del partido amiga de la pareja Iglesias-Montero se dejó ver con el hijo de estos en brazos y a partir de ahí se construyó una historia según la cual era una niñera encubierta pagada con dinero público. Era burdo, pero fuimos con ello y funcionó. Como funcionaron otros alambicados procesos-espectáculo, que –no sé si me equivoco y alguno llegó a cuajar–  terminaron siempre con la exoneración de la niñera de turno, pero desgastaron las ruedas del bólido electoral como si el piloto se hubiera dedicado a hacer........

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