De aquellos polvos
Donald Trump, en aras de la democracia liberal, justifica la intervención en Irán con la excusa de derrocar al régimen de los ayatolás, unos clérigos retrógrados y autócratas que no entienden de igualdad de género, eso que en Estados Unidos está asumido desde hace tiempo por hombres hechos a sí mismos, como el propio Trump o Epstein. Dicho de un modo simple: Trump invade Irán para defender la libertad y la mujer. Por eso lo apoya Ayuso, que es femenina, libertaria y simplista.
Aunque esté al mando del país más poderoso del mundo un tipo voluble, en geopolítica casi nada sucede de la noche a la mañana. Los intereses reales del intervencionismo coinciden con el expolio de los recursos naturales de los países pobres, pero casi siempre se ocultan tras la defensa de la democracia. Para comprender la actualidad conviene un breve repaso histórico. A finales de los setenta, en plena Guerra Fría, la URSS estaba a punto de extender su influencia hasta acceder de modo directo al océano Índico. Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, diseñó la «doctrina del cinturón verde», que no era ecológica, sino que trataba de frenar el comunismo incentivando el creciente islamismo radical en Oriente Medio y el Asia Central. Había que rodear el «cinturón rojo» (ruso) de un «cinturón verde» (islámico).
Brzezinski convenció a Carter, quien dejó caer al sha Reza Pahlavi, que había servido para que las petroleras hiciesen negocios durante cuatro décadas. Con la excusa de evitar una guerra civil y una invasión soviética, permitieron que los ayatolás se hiciesen con el poder. No quisieron ver entonces que los ayatolás iban a prescindir de la libertad y marginar a las mujeres. También dijeron entonces que la revolución islámica era una solución provisional. Se fueron a buscar a Jomeini, exiliado en París, con el que mantenían conversaciones, para encabezar ese cambio transitorio. La transitoriedad va camino del medio siglo.
Los yanquis enseguida perdieron el control de la nueva República Islámica. El fundamentalismo extremista instauró un régimen teocrático que, en el plano interno, aplicó la ley islámica (sharia), se cargó a todos los partidos políticos (incluido el partido comunista que les había apoyado) y, en el plano externo, se convirtió en uno de los peores enemigos de los imperialistas y de los sionistas. Ahora, los ayatolás proponen al hijo del líder supremo y los americanos al hijo del sha. De aquellos polvos, estos lodos.
