Trump dispara, sus amigos se forran
Donald Trump es el presidente de la primera potencia del mundo, de un país con una gran economía, tecnológicamente puntero y militarmente poderoso. Aunque también socialmente muy desigual. Trump ya era, antes de llegar a la presidencia y tras superar unas cuantas bancarrotas, un hombre multimillonario. Dirige una nación con la capacidad de tomar medidas tan discutibles como determinantes para el devenir de la historia del planeta. Tiene el poder tanto para poner contra las cuerdas a medio mundo con sus aranceles (posteriormente tumbados por la propia justicia estadounidense), como para hacer una incursión en un país, capturar a su presidente, subirlo a un avión y llevarlo ante un tribunal estadounidense. O para iniciar una guerra con Irán y dejar la economía mundial a los pies de los caballos.
Hasta aquí decisiones que, aunque generen dudas sobre su oportunidad y su legalidad, y sean duramente criticadas por algunos sectores y alabadas por otros, son sin duda de gran trascendencia. Y en realidad tampoco diferentes de lo que ha venido haciendo, con más o menos transparencia, esta potencia en el último siglo y medio.
Lo que es novedoso —y alcanza cotas de una bajeza difícil de catalogar— es que quien tiene semejante poder se permita demostrar que, incluso en el despacho oval, lo que Trump lleva dentro es un especulador. Y desde el altavoz que es la presidencia de los Estados Unidos se permita influir en los mercados para que sus amigos se forren de forma exprés: todo apunta a que inversores próximos al presidente se embolsaron 580 millones de dólares en 15 minutos.
Es la guinda a la total falta de escrúpulos ya demostrada cuando anunció lo bueno que sería levantar una Riviera en Palestina, o cuando se hace público que sus hijos participan en empresas que, ¡oh sorpresa!, fabrican drones de guerra. Trump sigue dilapidando el poco prestigio que le queda al Gobierno del país, que siempre presumió de ser la primer democracia del mundo y ha convertido la Casa Blanca en un despacho para hacer negocios privados.
