El Lamine Yamal que queremos ver
Lamine Yamal se hizo famoso, para los que siguen el fútbol y para los que no, siendo un niño. Pero muy famoso. Y en consecuencia, también muy rico. Logros que, con 16 años, salvo que tengas un entorno que te mantenga centrado y con los pies en el suelo, pueden hacer que equivoques el camino. En su corta trayectoria, el futbolista ha protagonizado algunos episodios que han hecho pensar que su cabeza no estaba tan asentada como sería recomendable: una cuestionada fiesta por su 18 cumpleaños, con temática gánster y la contratación de enanos para animar; algunas declaraciones chulescas y fuera de tono, un padre que incendia los medios con sus manifestaciones... Todo ello, en una época en la que las redes sociales agrandan, amplifican y viralizan cualquier gesto y cualquier palabra del astro.
Por eso es tan de agradecer, que el miércoles Lamine Yamal se posicionase de una forma clara y firme sobre los cánticos racistas que sonaron en el RCDE Stadium, durante el partido entre España y Egipto. El futbolista español fue tajante: el cántico «iba por el equipo rival, no era algo personal contra mi, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto» y «usar la religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas».
No se puede decir más claro, ni tampoco más alto. Colgó el mensaje en Instagram, donde Lamine Yamal tiene más de 40 millones de seguidores. Un post en esta red social tiene más impacto entre los adolescentes que lo siguen que cualquier charla o consejo de un adulto. Yamal se posiciona ante un tema muy polémico, en una comunidad, Cataluña, la suya, en la que hay una importante presencia de población extranjera y en la que se están asentando corrientes catalanistas antiinmigración, al tiempo que también calan los mensajes de Vox.
Probablemente, a Lamine Yamal se le exija demasiado, desde luego mucho más que a cualquier joven de su edad: que juegue bien, que marque goles, que sea un líder en campos en los que miles de aficionados pasan de elevarlo a los altares a la más encarnizada de las críticas cuando falla. Pero aún se le pide más. Queremos que sea un ejemplo para todos los niños que lo admiran, alguien de quien puedan aprender e incluso que sea un referente para la sociedad. Igual pretendemos depositar demasiada responsabilidad sobre los hombros de alguien de solo 18 años.
En el plano futbolístico cumple casi siempre. Con sus palabras censurando los comportamientos racistas de una parte del público en el último partido de España ha demostrado que también puede hacerlo fuera del campo. Como siempre ha reivindicado su origen y su orgullo de pertenencia a un barrio humilde y periférico, Rocafonda, y así lo demuestra cuando al celebrar sus goles marca el 304, su código postal.
Ahora solo queda que quienes tienen el poder de erradicar esos comportamientos de los campos de fútbol se dejen de dar tantas vueltas y diseñen y apliquen un protocolo claro y tajante en estas situaciones, sin tener que esperar a que sea un joven de 18 años el que los deje en evidencia llamando a las cosas por su nombre.
