A 48 años de su desaparición física (¿impunidad?) : Renny Ottolina equivocó su rumbo al meterse en la política
“Cuando estemos en manos del Estado habremos perdido la libertad de competencia, de escogencia de canales, y con toda probabilidad habremos perdido la libertad de expresión”, advirtió el visionario hombre de medios en los años 70…
Por Luis Carlucho Martín
Aunque nació en Valencia el 11 de diciembre de 1928, la vida de Reinaldo José Ottolina Pinto –Renny Ottolina-, cómo se hizo llamar este hombre de medios durante su carrera, desde antes de su fama hasta su trágica y aún sospechosa muerte, transcurrió en torno a su querida Caracas, destino al que llegó cuando apenas tenía seis años de edad.
Amparado en sus relaciones personales y públicas con gente de medios, se labró un camino envidiable de preparación. Fue el tipo más exigente y a la vez el más comprensivo que, con un plante de sinceridad pura, de excesiva diafanidad, te abría las puertas, si te veía empuje, madera e interés por aprender y superarte.
Dicen que por su formación católica en los colegios La Salle, Sagrado Corazón de Jesús y San José de Los Teques, vivió y murió por la verdad. Sea usted quien lo determine. Fue tajante en su andar y en su accionar laboral, una de sus pasiones. El trabajo, en todas sus concepciones, fue su obsesionante leimotiv.
“En la medida en que un país esté preparado y sea trabajador, en esa medida será una gran nación… Solamente a través de la preparación y el trabajo es que se puede progresar”, llegó a aseverar en diversas ocasiones, con mucho tino, pero rebosante de ingenuidad…
A los 15 años ya era locutor radial en RCR, de donde luego pasó a Radio Difusora Venezuela. Allí condujo audazmente un programa denominado “Oíganme”, con nombre que anunciaba lo que quería: ser escuchado. Porque en cada una de sus producciones futuras, tanto en radio como en televisión, siempre parecía tener soluciones ante las adversidades; al menos, eso dicen los que estuvieron a su lado.
Estudió desde su perspectiva el complejo proceso de la televisión. Conocía desde aspectos técnicos muy sutiles y delicados, como iluminación y audio, hasta publicidad, producción y periodismo; aunque su fuerte estuvo en la producción de grandes programas musicales, lo que lo hizo conocer a grandes estrellas y los mejores escenarios del mundo entero. Imagínense cuál hubiese sido su techo si en aquellos días existiesen las redes sociales.
Estuvo en Radio Cultura y debutó en la TV nacional en 1952, donde creció indetenible hasta conducir más adelante, en RCTV, de lunes a viernes, “El Show de Renny”, y los domingos “Renny Presenta”.
Ese andar con estrellas, tanto nacionales como foráneas, abrió el abanico cultural de quien además fue corredor profesional de carros. La velocidad, una de sus debilidades. De su matrimonio con Reneé Losada dejó cuatro hijos: Rina, Rhona, Ronny y Rena. Se codeó con la flor y nata de la televisión mundial. No hay duda de ello.
Su típico silbido, en notas agudas, pero agradables al oído intermedio, identificaba a “El Show de Renny”, por donde desfilaron, semana a semana, artistas de todas las clases y para todos los gustos. Allí nos presentó al Pata Pata de Miriam Makeba, a Tom Jones, el famoso “Tigre de Gales”, a Elton Jhon, a Engelbert Humperdinck. Allí conocimos a la estrella naciente, Cherry Navarro…
Su voz, cargada de seguridad y poder de convencimiento, caló en el imaginario colectivo –y quedó para la historia– para hacernos saber que, “Si usted no ha escuchado un Pioneer, solo ha escuchado la mitad del sonido”.
Su innegable ascenso, prolijidad, inteligencia y su amor por la conservación de su amada Venezuela, lo fueron alejando del escenario para recorrer ciudades, pueblos, calles, avenidas, paisajes en general, que lo fueron sensibilizando cada vez más y más, hasta que decidió (en mala hora) dedicarse a ese germen dañino denominado política.
Podemos recordarlo en nuestro amado San Juan de Los Cayos, en Falcón, recorriendo la playita, con su bolsa plástica recogiendo desperdicios y hablando con quien fuera necesario acerca de la importancia de cuidar lo nuestro.
Priorizaba ante nuestros recursos, ante el hierro y el petróleo, al recurso humano. Convencido de que “un país no se puede construir a base de realazos, ni de decretos”, y sumido en su amor por el país, al punto de señalar que la patria es del tamaño de quien la quiere, funda el Movimiento de Integridad Nacional, MIN.
Pero le faltaron ingredientes que, desde entonces y parece que hasta siempre, son propios de quienes hacen vida en la política: ardides, promesas a no cumplir y mente fría y olvidadiza a conveniencia. Esos males no circulaban en su ADN. Por eso no pertenecía a ese perverso submundo; no era de ese lote. Se metió en una fiesta equivocada y pagó muy caro.
Todas las proyecciones de expertos en materia electoral lo acercaban a la silla presidencial. Pero poco antes de cumplir 50 años de edad, el 16 de marzo de 1978, hace 48 años, tomó su último vuelo con la mente puesta en su guerra personal contra el atraso, la ignorancia y la flojera”.
