En cumbre antifósil gobierno Petro juega de moderado entre gobiernos y sociedad civil
Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.
Una cumbre para hablar de la salida del petróleo, el gas y el carbón, en Santa Marta, fue la idea de la sociedad civil para apoyar su iniciativa de que se firme un Tratado global de no Proliferación de los Combustibles Fósiles.
Tomaron nota de otros tratados como el de la no proliferación de las armas nucleares o el de las minas antipersona, como alternativa a las reglas rígidas del Sistema de Naciones Unidas que casi completó una treintena de COP sin llegar siquiera a un atisbo en esta materia.
Los primeros en montarse a la iniciativa del Tratado, fueron los pequeños Estados insulares del Pacífico sur, como Antigua y Barbuda, Bahamas o Tuvalu, entre otros, para quienes el cambio climático es una cuestión existencial: tienden a desaparecer con el aumento de la temperatura global del planeta y, por ende del mar: 2024 y 2025 han sido los años más calientes desde la era preindustrial.
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Cuando eran ocho países, en 2023, Colombia, en cabeza de la ex ministra de Ambiente, Susana Muhamad, levantó la mano para manifestar su apoyo a la iniciativa, y fue el primer país de Latinoamérica en hacerlo que tuviera un peso importante del petróleo en sus exportaciones y por ende en sus finanzas públicas. Muhamad fue nombrada el año pasado, como enviada especial de ese tratado, gracias a su capacidad de incidir en la diplomacia internacional.
Pero la historia tuvo un giro a finales de 2025, cuando en la COP30 de Belém do Pará, Colombia adquirió un protagonismo importante al liderar la Declaración de Belém, a la que se unieron 20 países, y luego la protesta diplomática que secundaron cerca de 80 países, frente al acuerdo final que presentó la presidencia de la COP30, en cabeza de Brasil. En busca de un consenso antes de cerrar, no hizo referencia a viabilizar la construcción de una hoja de ruta para dejar los fósiles. Algo que frente a la disidencia, resolvió comprometiéndose a promover una a título personal.
Ese episodio fue leído, hábilmente, por el gobierno colombiano, en cabeza de la ministra encargada de Ambiente, Irene Vélez, como una oportunidad política para convertirse en la voz cantante del desencanto de algunos países frente a los bajos resultados del multilateralismo y ofrecer una alternativa a la vuelta de la esquina, una Conferencia para hablar, entre “creyentes” o por lo menos quienes parecen serlo, de la necesidad de salir de los combustibles fósiles, la principal causa de la crisis climática y una de las principales banderas del gobierno Petro.
Pero eso conllevó a su vez una renuncia parcial, la de desligar dos procesos: el de........
