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El ocaso de los dioses

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01.08.2026

Götterdämmerung, le dicen los alemanes: el ocaso de los dioses. Se usa mucho para describir los últimos días de Hitler en el búnker de la cancillería en Berlín. Delirios fantasiosos. El Führer con Speer discutiendo la maqueta de la reconstrucción de la capital mientras se escuchan los cañoneos de los tanques a rusos a pocas cuadras de distancia. Eva Braun, haciendo fiestas con champaña y caviar que solo se interrumpían por los bombardeos. Orgías y el desenfreno desesperado de los condenados. El Führer con sus generales, dando órdenes y moviendo divisiones y brigadas que solo existían en el papel. Después cólera cuando las flechas pintadas en el mapa no lograban parar a las fuerzas enemigas que se acercaban a la guarida con cada hora que pasaba. 

Traidores, todos eran unos traidores, decía Hitler. Empezando por el pueblo alemán, que no estuvo a la altura de lo requerido por su gran líder. La orden que le dio a Speer fue la de destruir todo: acueductos, plantas de electricidad, cultivos, fábricas, hospitales, puentes y puertos. No debía quedar piedra sobre piedra. Todo se acabaría con él. En sus lamentaciones finales el Führer se quejaba de la falta de comprensión de su pueblo. Nunca lo entendieron, nunca lo acompañaron. Su visión de una Alemania grande y próspera por los siguientes mil años quedaba en ruinas por la miopía de una masa sin grandeza.

Ahora que Petro abandona la Casa de Nariño la sensación colombiana de götterdämmerung es inescapable. El caos, por lo menos, es parecido. En vez de mover inexistentes divisiones militares en un mapa presentan proyectos de ley y expiden decretos. Como la reforma tributaria o la jurisdicción agraria, radicadas pomposamente por los ministros del ramo en un delusional esfuerzo por pretender que........

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