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Las nuevas derechas no pueden gobernar con el discurso con el que ganaron

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Aníba Pérez-Liñán es director del Instituto Kellog de Estudios Internacionales en la Universidad de Notre Dame y ha dedicado su trabajo al estudio de las instituciones políticas, el estado de derecho y los derechos humanos en las nuevas democracias. Es autor de libros como Presidential Impeachment and the New Political Instability in Latin America y Democracies and Dictatorships in Latin America. 

La Silla Vacía conversó con él sobre el nuevo gobierno que llega a Colombia, visto desde la experiencia de las nuevas derechas de la región, de Milei a Bukele, los resultados de las elecciones, los riesgos de deterioro democrático y los límites que enfrenta un líder cuyo discurso de campaña no sirve para gobernar. 

LSV. La elección de este año fue una de las más reñidas en Colombia, algo inusual para el país, ¿cómo vio ese resultado?

Aníbal Pérez-Liñán. La elección repite un patrón regional donde los candidatos oficialistas pierden en contiendas muy reñidas y candidatos que parecen surgir de la nada tienden a ganar. Los perdedores tardan más en aceptar el resultado y en algunos casos los desafían abiertamente. 

Ese patrón parece regresarnos al siglo XIX. Pensábamos que en América Latina los procesos electorales habían ganado legitimidad y que la confiabilidad técnica de las elecciones era muy alta, pero, a pesar de todos estos progresos técnicos en la realización de las elecciones, hay una nueva tendencia mundial a desafiar los resultados y que trasciende el caso colombiano.

¿Por qué importa que el perdedor reconozca el resultado? 

En las democracias es más importante saber perder que saber ganar.

Lo que distingue a las democracias de otras formas de gobierno es que la derrota de un partido o sector nunca es definitiva porque la oposición después va a tener una nueva oportunidad de competir en igualdad de condiciones, y es un reconocimiento de que sus derechos van a estar protegidos hasta la próxima elección. 

Esto es lo que hace que los sistemas democráticos mantengan estabilidad a pesar de la alternancia en el poder. Cuando esa confianza se quiebra, en situaciones de extrema polarización o donde los actores sienten que sus derechos pueden verse afectados, los actores políticos sienten que la derrota puede ser irreversible y el consenso que existe alrededor del sistema y la confiabilidad entra en crisis. 

Lamentablemente, eso es lo que estamos viendo en muchos países de América Latina. Porque las sociedades están muy polarizadas y temen el triunfo de fuerzas adversas y porque la tecnología de comunicaciones refuerza estas cámaras de eco en donde si yo digo que en realidad no perdí las elecciones y me las robaron hay mucha gente que solo escucha esa versión de la realidad.

¿La ola de gobiernos de derecha populista, o considerados radicales sin importar la ideología, profundiza ese quiebre?

 Sí, seguro. La idea de que hay un sector nuevo que puede llegar al poder con un discurso o estilo altamente incierto, y que puede afectar los derechos o los logros de la democracia y la oposición, conspira contra la estabilidad institucional que le da la confianza a los perdedores para seguir adelante y tener la tranquilidad de que tendrían otra oportunidad honesta en la siguiente elección.

En los últimos años, en varios países, todos los sectores ideológicos han cuestionado el resultado de las elecciones. En 2021, lo hizo Trump sin ninguna evidencia y un tercio de la población norteamericana creyó que la elección fue fraudulenta. En 2023, pasó en Brasil con una reproducción casi idéntica de lo que Estados Unidos. En Perú también ha ocurrido varias veces, incluso este año que tuvieron resultados más cerrados que en Colombia. Ahora lo vemos en Colombia. 

Creo que hoy todos los sectores ideológicos parecen tener incentivos para desconocer los resultados. Y es un patrón muy peligroso porque si no tenemos un consenso sobre el procedimiento electoral, tampoco hay un consenso sobre cómo resolver los conflictos políticos de manera pacífica. 

En comparación con otros países, ¿qué tan lento fue el reconocimiento por parte de Cepeda?

Esa es una muy buena pregunta y es un poco difícil de responder. En este caso puntual, que el candidato oficialista haya reconocido el resultado de la elección es un gran acto de responsabilidad democrática para no mantener al país en vilo.

Ahora, respecto al tiempo correcto, el reconocimiento siempre debe ser lo antes posible, pero lo ideal es que no hubiera ninguna duda en ningún momento sobre el proceso electoral. Y en Colombia no he visto ninguna duda razonable sobre el procedimiento. 

En una democracia siempre es deseable que, si los perdedores tienen alguna sospecha, puedan........

© La Silla Vacía