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Las fórmulas vicepresidenciales muestran que la política es más que ideología

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02.04.2026

El anuncio de las fórmulas vicepresidenciales sorprendió por la unión de agendas dispares. Paloma Valencia eligió a Juan Daniel Oviedo: ella, uribista, que ha defendido los valores de la familia tradicional; él, un hombre gay que apoya el matrimonio igualitario y la legalización de la marihuana. Abelardo de la Espriella se fue por una mirada tecnocrática con José Manuel Restrepo. Y Cepeda cerró filas al escoger a Aída Quilcué.

La elección de Oviedo fue leída como una contradicción en la derecha, pero estratégica para atraer nuevos votantes. La de Quilcué, como coherente con la izquierda, pero mala estratégicamente. En realidad, ambas decisiones son muestra de cómo ha funcionado la política colombiana, que nunca se ha organizado solo por las ideas, sino por una mezcla de identidades, afectos y cálculos estratégicos. Así, la idea de que existe un mapa ideológico ordenado, donde las posiciones encajan de forma clara y predecible, es más una ficción que una realidad.

Estas son cuatro reflexiones sobre la política colombiana y cómo deciden los votantes, a partir de conversaciones con profesores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes.

1. La ideología ha servido poco para predecir el voto

La palabra “ideología” se usa para describir un conjunto de ideas que encajan entre sí y que permiten ubicar a las personas en un lugar claro del espectro político. En Colombia, son tres las dimensiones que organizan ese mapa: 1) la económica: cuánto debe intervenir el Estado; 2) la cultural: posiciones frente al aborto, el matrimonio igualitario o los derechos de la población Lgbtiq ; y 3) la de seguridad: cómo enfrentar el crimen y el conflicto armado. 

A partir de estas agendas se ha construido la idea de que derecha, centro e izquierda son bloques con ideas fijas y coherentes. Por eso causó sorpresa la elección de Oviedo como fórmula de Valencia. Pero esa supuesta coherencia ideológica es más aparente que real. Para el politólogo Carlos Ramírez, las ideologías son “retazos del discurso social que provienen de muchas fuentes y que se pegan de tal forma que parecieran ser una doctrina unificada”. 

Los datos sobre cómo votaron las personas en otras elecciones lo confirman. El politólogo Juan Carlos Rodríguez-Raga y Juan Andrés Calderón compararon las posiciones de los votantes frente a las tres agendas con su decisión de voto en la era Uribe y en el posacuerdo y encontraron que las opiniones no se agrupan de manera consistente. Algunos pueden querer intervención estatal contra la desigualdad, pero se niega a pagar más impuestos; la gente puede respaldar el aborto por motivos de salud y oponerse al matrimonio igualitario; o puede votar por candidatos cuyas propuestas no tienen nada que ver con sus convicciones sobre estos temas. 

Según Rodríguez-Raga, esto no significa que los votantes no tengan posiciones, sino que no servían mucho para predecir el voto. Parte de ese desorden ideológico se explica “por la ausencia de elementos ordenadores en el sistema político que, en otros países, sí han sido vehículos para ordenar las preferencias de los ciudadanos”. Es decir, carecemos de partidos políticos con unas agendas ideológicas claras y diferenciadas que ayuden a los votantes a identificarse y organizar sus preferencias.  

Así, las clasificaciones de izquierda y derecha funcionan más como un atajo, que le permiten a la gente ahorrar tiempo y energía a la hora de escoger por quién votar, y no como doctrina, según explica William Jiménez Leal, director del Departamento de Psicología. Cuando las personas votan por un candidato, no proyectan su ideología completa, sino que jerarquizan: “¿Qué es más importante para mí, detener la amenaza o mantener los principios?”, plantea Jiménez Leal. 

Por eso no es incoherente que alguien del Centro Democrático vote cómodamente por un hombre abiertamente homosexual, o que una feminista no se sienta obligada a votar por Paloma Valencia. 

El problema es cuando las personas hacen de sus posiciones políticas creencias morales, “no negociables”, y cualquier crítica o diferencia se vuelve una afrenta. Para la filósofa y experta en género Allison Wolf, el obstáculo real para el diálogo no es tener ideología, sino tratarla como algo puro e inamovible en el tiempo, pues, para ella, tanto la........

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