Aun con discursos de odio, no es tan fácil que resurja la violencia política
Desde antes de la segunda vuelta, el discurso de Abelardo de la Espriella ha estado marcado por la idea de una confrontación cultural. En sus discursos ha hablado de hacer una “contrarrevolución cultural que cuente la historia como ha sido” y de la “batalla cultural” presente en los discursos de Vox en España. Como presidente electo, esas ideas se han extendido en boca de sus futuros ministros Viviane Morales, quien ha hablado de aulas “convertidas en campos de adoctrinamiento”, y Omar Bula, quien ha hablado de alejarse de la “agenda globalista” y librar una “guerra cultural.
Más que una forma de lenguaje, se trata de una narrativa que circula hace más de una década en Estados Unidos y Europa y que aterriza en el país con el gobierno de Abelardo de la Espriella. La pregunta es qué tan distinto se puede desarrollar en Colombia y si hay un riesgo real de que pueda pasar de lo simbólico a la violencia política, dada la larga historia de conflicto armado.
Sobre esto, La Silla Académica conversó con Óscar Hernández Salgar, director del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, maestro en Música con énfasis en administración cultural, magíster en Estudios Culturales y doctor en Ciencias Sociales y Humanas de esa misma universidad. Es autor del libro El fin de la técnica: ensayos sobre cultura e inteligencia artificial, que alimenta buena parte de esta conversación.
La Silla Académica. En campaña, y en boca de funcionarios del gobierno electo, ha sonado en Colombia el término de “guerra cultural”, ¿qué ideas mueve ese término?
Óscar Hernández Salgar. El término “guerra cultural” lo utiliza James Davison Hunter, un sociólogo, para referirse a lo que está pasando específicamente en Estados Unidos, donde viene habiendo una reacción muy fuerte contra las políticas del multiculturalismo y el progresismo.
En la base de este discurso está una idea de las derechas que afirma que la izquierda ganó la “guerra cultural” porque logró posicionar una retórica de derechos para proteger a las minorías, entre otras cosas. Aunque, en realidad, ese logro fue del liberalismo, de la burguesía liberal, que se consolidó en el orden multilateral de la posguerra, lo que hace el discurso de la derecha es invertir esa historia para plantear que ese orden multilateral fue un logro de la izquierda y que, al instalarlo en el sentido común, la izquierda ganó en lo cultural.
Definir esto en términos de “guerra” implica asumir que hay otro al que toca vencer, deja de haber espacio para buscar puntos de contacto, sentidos y horizontes comunes, y solo queda una reacción que indica que ahora es la derecha la que debe eliminar las ideas del otro, erradicarlas, sustituirlas, y llenar el sentido común con los valores en los que la derecha cree.
Eso es algo impresionante, porque si bien los derechos humanos fueron un logro de la burguesía liberal, ahora las derechas los ven como un capricho de las izquierdas y eso es muy peligroso. A pesar de que la estructura burocrática alrededor de los derechos humanos ha tenido muchos fallos, también ha logrado proteger vidas, establecer marcos jurídicos para la igualdad y mejorar las condiciones de vida de mucha gente. Por eso, que todo esto que se ha construido con tanto tiempo y esfuerzo a lo largo de la historia empiece a verse casi como objetivo militar es muy preocupante.
LSA. ¿En dónde se origina?
OHS. Cuando termina la Segunda Guerra Mundial y surge la ONU, junto con el orden multilateral de la posguerra, empieza por primera vez en la historia de la humanidad a existir una estructura jurídica, estatal y supraestatal para la igualdad. La igualdad nunca había sido algo institucionalizado, había sido un ideal en la Revolución Francesa y en distintos socialismos a lo largo de los siglos XIX y XX, pero solo con este marco multilateral empieza a pregonarse como algo casi establecido alrededor de los derechos humanos.
Pero, a medida que estas reivindicaciones por los derechos avanzan, empieza a percibirse que ese orden no es tan sostenible para los que se han beneficiado de trayectorias históricas que privilegiaron a unos y oprimieron a otros: siglos de discriminación racial provenientes de las naciones coloniales, la estructuración de un patriarcado que asignó a las mujeres un lugar secundario en la sociedad y en el orden político.
Eso empezó a causar un malestar que reventó en la última década y media y se manifiesta en el ascenso de las derechas populistas. Son trayectorias muy largas, que ahora están en disputa.
LSA. ¿Cuáles son esas trayectorias?
OHS. Durante la transición entre la monarquía y la burguesía el eje central es de dónde emana el poder: ¿de Dios o del pueblo? Al ganar la burguesía, se acepta que la democracia es el orden que reconoce que el poder emana del pueblo y pierde la monarquía, perdió Dios.
El que va a dominar los siglos XIX y XX es cómo producir y distribuir la riqueza. Ahí están la burguesía liberal y el capitalismo frente a la clase proletaria, los intelectuales de izquierda y los distintos tipos de socialismos.
Además de estos dos grandes ejes, hay otros que corren en paralelo. En la primera mitad del siglo XX uno podía ser liberal en lo económico y conservador en lo cultural, o viceversa. Eso se prolonga, y en la segunda mitad del siglo se refleja en los términos que empiezan a usarse. El progresismo, aunque se asocia con la izquierda, apunta más a valores sociales como matrimonio igualitario, aborto, libertades individuales de identidad y expresión. Lo económico parece un eje distinto, redistribución de la riqueza con un Estado interventor, frente al liberalismo más radical que busca reducirlo a su mínima expresión.
Lo nuevo con la guerra cultural es que, con las redes sociales, la inteligencia artificial y discursos como los de Agustín Laje o Jordan Peterson, esos dos ejes se reducen a uno solo: si usted es progresista, es de izquierda, es mamerto, es comunista; si es de clase alta, es fascista. No tiene por qué ser así, no son ejes que deban colapsar, pero colapsan fácilmente a través de los memes y de información que crea asociaciones rápidas, con impacto emocional y sin elaboración conceptual.
LSA. ¿Cómo aterrizan estas ideas en Colombia?
OHS. En Colombia hay un terreno fértil para que estos........
