menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Los 12 años de Paloma en Senado: uribismo vehemente y oposición al Acuerdo de Paz

13 0
12.04.2026

Paloma Valencia emergió como candidata presidencial en las filas de un partido del que ha sido senadora por 12 años. Hoy es la cara de una gran coalición de centroderecha, pero ella se mantiene firme en el uribismo que le permitió entrar al Centro Democrático cuando aún no era partido y al que representó como candidata en las interpartidistas de marzo. “Seré uribista hasta que me muera y mi relación de mentoría con Álvaro Uribe prevalecerá”. 

La declaración da luces sobre su campaña pero también retrata el arco de sus tres periodos en el Senado de Colombia. Más que una senadora que se propuso cultivar una impronta propia, Valencia hizo escuela en una estructura de partido en la que se echó al hombro el ADN uribista. “La senadora Paloma ha sido gran constructora de las ideas que guían al Centro Democrático. Admiro su firmeza y transparencia”, le ha reconocido Uribe.

Valencia puso su técnica académica y el método argumentativo que le abrió espacio en el mundo de la opinión bogotana al servicio de los debates más neurálgicos para el uribismo: la paz con las Farc, la reforma a la justicia y la JEP. También usó su combatividad para defender el legado de Uribe, lanzarle un salvavidas al cuestionado exfical Néstor Humberto Martínez y heredar peleas como la que hoy protagoniza con Iván Cepeda. 

Paloma Valencia no recorrió el camino corto. Las 10 fuentes consultadas para este reportaje, y los soportes de su actividad legislativa, retratan, pese a afinidades o distancias ideológicas, a una senadora disciplinada, técnica y consistente en el tiempo. Y además vehemente, que peleó la mayoría de proyectos de ley que patinó y contra los gobiernos a los que les hizo oposición; y paciente, ante el machismo enquistado de su partido y el favoritismo tardío del expresidente Uribe, de quien no era su plan A. 

Así vivió Valencia sus tres pasos por el Senado a la luz de los gobiernos de Santos, Duque y Petro, y de los acontecimientos políticos que marcaron la última década en el país. 

Las medallas para entrar al uribismo 

Valencia tanteó la política por primera vez en 2006. Entonces, fue candidata a la Cámara por Bogotá en la lista de Alas Equipo Colombia. Una coalición que armaron el exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos y el exsenador Álvaro Araujo, ambos condenados en años posteriores por parapolítica, luego de la gran reforma política de inicios de siglo. 

“Esa fue la disidencia que le armó Ramos al Partido Conservador por sus peleas internas en Antioquia. Buscó figuras en todas las regiones y por Bogotá estaba Paloma”, recuerda el expresidente del Senado y exmiembro del Centro Democrático, Ernesto Macías. 

El estreno con Ramos no salió bien, porque Valencia se quemó, pero ocho años después ella dio luces de que fue una apuesta a conciencia. En 2014, en un debate en la Javeriana de Cali en la carrera al Congreso de ese año, defendió a Álvaro Uribe y a Ramos ante los cuestionamientos por parapolítica que crecían entonces. 

“No es cierto que Uribe fuera un parapolítico, porque durante su gobierno se combatió y se desmovilizó el paramilitarismo”, dijo Valencia, quien volvía al ruedo electoral como la tercera en la lista cerrada al Senado del uribismo. “Y el doctor Ramos, que está en la cárcel hoy y a quien considero inocente, significó la posibilidad de derrotar una cantidad de clientelismo y corrupción política del Partido Conservador en Antioquia”. 

Esta cercanía, dicen fuentes del Centro Democrático, le sirvió de impulso para entrar a la lista al Senado con la que Uribe buscaba convertir a su movimiento en partido. “Fue cuota de Ramos, al igual que su hijo”, sostiene una de las fuentes. Sin embargo, José Obdulio Gaviria y María del Rosario Guerra, ambos senadores entre 2014 y 2022, y de las entrañas de Uribe, cuentan que el ingreso de Valencia a la lista se dio por mérito propio. 

Tras su aspiración fallida en 2006, Valencia ejerció el periodismo de opinión y fue analista en distintos medios. Publicó columnas en El País (Cali) y El Diario del Huila. A El Espectador llegó en 2011 y desde allí sus posturas afines al uribismo y críticas con el primer gobierno de Juan Manuel Santos le abrieron espacio en el abanico de opinadores bogotanos. 

“¿Qué le falta al uribismo para ser oposición?”, se preguntaba en sus columnas en 2011, cuando la ruptura entre Uribe y Santos parecía infalible. Pero fueron La Hora de la Verdad, programa radial del exministro uribista Fernando Londoño, quien hoy apoya a Abelardo de la Espriella, y su rol en la primera mesa de Néstor Morales en Blu los que terminaron por acercarla formalmente al uribismo. 

“Ella comenzó a ser muy asidua en medios, como opinadora de derecha, y ahí se perfiló”, dice Gaviria. “Estaba en la mesa de Blu y desde ahí siempre fue muy cercana a las tesis del presidente Uribe. A la lista no entró por Ramos; entró por su defensa a los gobiernos de Uribe como periodista y abogada”, agrega Guerra, hoy en el corazón de su campaña. 

El gancho temático que la acercó más al uribismo fue la de paz de Santos. 

En 2012, cuando los acercamientos con las Farc ya se habían filtrado, desde Blu se convirtió en la voz crítica del proceso. Defendía la mano dura y peleaba con Héctor Abad Faciolince, entonces la voz del panel defensora de la negociación.

Este perfil de opinión encajó a la medida con el deseo de Uribe de estrenar la lista de su movimiento con una ramillete de mujeres a la cabeza. Él fue el primero, pero le siguieron Guerra, Paloma, Ana Mercedes Gómez (exdirectora de El Colombiano) y Susana Correa. Su estirpe conservadora y origen regional también ayudaron. 

“No tenía votos, pero sí recogía los símbolos de una élite conservadora en el naciente Centro Democrático”, dice Macías. “Y su nombre implicaba cierta representación que a Uribe le gusta. Ella, Cauca; Ana Mercedes, los paisas; y María del Rosario, a Costa”. 

La primera campaña........

© La Silla Vacía