¿Mal mayor?, por Maritza Espinoza
El sábado, mientras el Perú elegía entre las dos opciones que algún dios cruel y cachaciento nos puso en el menú, Sertralina, mi adorada gata calicó de 15 años, partía hacia el cielo de los gatos. Por primera vez en décadas, mi atención estuvo ajena a una elección de segunda vuelta. Es más, desde la distancia, veía el escenario político como un teatro —o un circo, si prefieres—, con los peores actores imaginables, y decidí que este nuestro país, grandioso y milenario, superaría el daño que cualquiera de los dos candidatos en pugna pudiera causarnos, del mismo modo que ha superado sucesos aún más terribles en nuestra historia.El miércoles por la noche, la suerte pareció inclinarse a uno de los lados: el de la orgullosa heredera de un dictador corrupto, gobernante en la sombra de dos períodos caóticos y cabeza de una organización que, bajo sus órdenes, ha operado en contra de los intereses ciudadanos. Al cierre de esta edición, las tendencias indicaban que ella sería la ganadora.Entonces, las redes se llenaron de miedo más que de incertidumbre, pocos celebraban (no por nada solo uno de cada 10 peruanos votó por ella en primera vuelta) y una nube negra asomó........
