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La agonía del pacto parlamentario, por Juan De la Puente

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22.02.2026

El pacto parlamentario no está muerto, pero se encuentra gravemente herido. No agoniza porque sus miembros se lanzan los trastos por la cabeza y se acusan de infidelidad. No. Agoniza porque no es capaz de darle al Perú una presidencia mínimamente estable. También porque instalaron un vacío de “poder de mando” a pocas semanas de las elecciones y porque el cambio de Jerí por Balcázar agrava la inestabilidad. En Palacio se mueven algunas sillas; Balcázar es, como Jerí, un hombre del Parlamento y, en ese punto, no hay señales de que la opinión pública piense distinto.

¿Cuánto más durará el pacto? Depende del 12 de abril. La ilusión de sus miembros es que todos vuelvan a pasar la valla electoral. Pero no es una ilusión colectiva, sino un cálculo singular.

Es una interesante agonía. Se presenta bajo la figura de división. Pero no lo es. Es una disputa de hermanos sobre cómo llegar en mejores condiciones al 12 de abril, cada uno por su cuenta, para evitar el castigo electoral. En el resto de cuestiones, el pacto sigue siendo eso: un pacto. Captura del Estado, intangibilidad de las leyes procrimen y antiderechos, gasto fiscal populista, militarización de la seguridad ciudadana y negación de la represión 2022/2023.

¿En qué consiste la agonía? En el límite al que llegó el parlamentarismo de facto instalado a la caída de Castillo. En un primer momento todo fue ganancia: conquista de organismos autónomos, leyes a favor del crimen, otras leyes que recortan los derechos humanos y hostigan a las ONG —supuestamente el núcleo duro caviar— y diseño organizativo de la mano dura como promesa de la derrota inminente del crimen.

El parlamentarismo de facto, sin embargo, olvidó un detalle: tienen que gobernar porque, a fin de cuentas, son el gobierno. Para evitarlo, estiraron lo más que se pudo la administración de Boluarte, crecientemente incapaz, y guardaron el cadáver de su gobierno hasta que el olor fue imposible de........

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