Lloran las riberas
Decidí viajar a Tierralta, Córdoba, porque la dimensión real de una emergencia no se comprende desde el escritorio, sino caminando el territorio. Si algo me ha enseñado la vida es que hay momentos en los que las cifras y las explicaciones técnicas se quedan cortas.
Llegamos el pasado lunes y nos encontramos con una región anegada. El agua golpeando las paredes. Los caminos convertidos en lodo. Comunidades enteras hablando en voz baja, como si todavía les costara aceptar que el río se llevó una parte de su vida. En ese punto, la tragedia deja de ser un titular y se vuelve algo mucho más difícil de procesar: historias reales. Gente con nombre y apellido viviendo la incertidumbre propia del infortunio.
Dirigir una entidad como el Banco Agrario exige algo más que administrar recursos. Exige conservar la capacidad de escuchar, de mirar de frente, de no apartarse. En Tierralta entendí que el agua no solo........
