El fútbol escolar y la lección que podemos perder, por Diego Alonso Sánchez
En la escuela persiste una paradoja incómoda: declaramos querer formar personas críticas y autónomas, pero en la práctica seguimos educando para obedecer y actuar bajo parámetros rígidos. Esta contradicción no solo se manifiesta en las aulas; también se juega —y quizás con mayor severidad— en las canchas escolares. Los deportes, lejos de ser meramente recreativos, se transforman en un espejo donde se reflejan y reproducen las tensiones más profundas del sistema educativo y, por extensión, de la sociedad.
En muchos colegios, el deporte se enseña bajo la misma lógica que otras prácticas tradicionales: disciplina estricta, órdenes irrefutables y escaso margen para la autonomía. El resultado es previsible: alumnos que ejecutan, bien o mal, pero que no piensan ni deciden, asumiendo que la rigidez es parte del juego. Así, el fútbol pierde su potencial formativo y se reduce a un ejercicio de control, o a un espacio que se utiliza para “llenar” el tiempo cuando pareciera no haber nada más que enseñar.
A esto se suma un problema aún más profundo: el fútbol sigue representando........
