El riesgo de quedar anclados, por César Azabache Caracciolo
Si tuviera que quedarme con una parte del debate del domingo que pasó, elegiría dos bloques: Carranza v. Francke y Guerra-García v. Neuhaus. De varias maneras, esos dos bloques mostraron que, al margen de nuestras preferencias, tenemos personalidades capaces de presentar y discutir políticas públicas basadas en evidencias. Claro, también confirman que las posibilidades de construir algún equilibrio institucional mínimo están todas fuera de las organizaciones políticas que han pasado a segunda vuelta. Están en esos colectivos profesionales que los últimos años de canibalización política han dejado fuera del Estado. Ninguna de las dos organizaciones que han pasado a segunda vuelta tiene entre sus propias filas profesionales de esa estatura. Ellas no han estado entre sus primeras opciones. La posibilidad de convocarlos proviene de la cancelación de esos espacios políticos más pequeños en los que casi todos ellos se habían estado moviendo hasta ahora. Los debates presidenciales son para eso, para mostrar que estas convocatorias son posibles. No son un ejercicio académico —ahí falló la presentación de Sinesio López—, sino una exhibición de ajustes políticos y capacidad de concreción práctica alineados a un objetivo: gobernar.
Pero, fuera de esos dos bloques, el debate del domingo dejó al descubierto la superficialidad con que se trató un área que merece tanta atención como la economía y la infraestructura: la salud. Este........
