Peligra la neutralidad religiosa oficial
Los no creyentes y los creyentes de religiones minoritarias asisten con preocupación al resurgimiento de todo tipo de profesiones de fe, a veces ciertamente extravagantes, por parte de responsables públicos, no ya en su esfera privada, sino desde las cuentas institucionales y oficiales. Ministros, candidatos y altos cargos invocan a Dios, apelan a símbolos religiosos o los incorporan a su imagen oficial como si el Estado tuviera una confesión implícita. Lo que se consideraba impropio de una democracia liberal parece estar normalizándose. Pero la separación entre Iglesia y Estado no es un capricho ideológico ni una concesión revocable: es una de las conquistas irrenunciables del liberalismo clásico. Nació como respuesta a siglos de guerras de religión, persecuciones y conflictos civiles. Nació para desterrar el oscurantismo y privatizar el hecho religioso. La Ilustración y el constitucionalismo liberal entendieron necesario despojar al poder político de toda pretensión de verdad religiosa, fuera ésta cual fuera. El Estado debía ser neutral para que los individuos pudieran creer en diversas religiones o en ninguna, sin coacción. Como escribió John Locke, “el cuidado de las almas no puede pertenecer al magistrado civil”, una idea que resume con precisión la........
