Las lindes de la democracia
Se ha instalado interesadamente en la sociedad la idea falsa, pero aceptada como dogma, de que la democracia debe permitir la participación de cualquier actor político, por muy abiertamente hostil que sea al propio sistema. Como si la ausencia absoluta de límites fuese un distintivo moral exigible a este sistema pero no a los demás. Esa tesis es ingenua y suicida. No está escrito en el firmamento que la democracia deba abrir sus puertas a quienes buscan cerrarlas desde dentro. Ningún otro sistema se comporta así. Los liberales y casi todos los demócratas de verdad no defendemos una democracia ilimitada sino la que los politólogos llaman “democracia liberal”. Y el adjetivo importa. No es simplemente el gobierno de la mayoría sino un sistema de poder limitado por derechos individuales anteriores y superiores a cualquier mayoría. Es un marco amplio. De hecho es el más pluralista de la Historia. Pero no es ilimitado: está delimitado por lindes, como cualquier otro. Y son lindes amplias, sí, pero muy necesarias. Quedan fuera de esas lindes cuantos buscan hacerse con el poder político precisamente para excluir a los demócratas, quienes aspiran a suprimir derechos fundamentales en nombre de la nación, la raza, la clase o la religión; quienes manifiestamente........
