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La realidad de las Falkland

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11.09.2026

Me niego a llamarlas Malvinas: son las Islas Falkland, y no porque así las llame Londres, sino porque así las llaman los únicos legitimados para decidir sobre ellas: los isleños. Buenos Aires repite como un disco rayado los mismos argumentos: que la población es “implantada”, ficticia, poco menos que sucia, cuya voluntad no puede prevalecer sobre una disputa previa. Esas casi cuatro mil personas deben aceptar la anexión porque un Estado vecino enorme les niega su derecho a una descolonización democrática, forzándolos a optar, obviamente, por seguir como territorio ultramarino británico. Las Falkland no tenían población indígena al comenzar los asentamientos europeos. En 1833 los británicos desalojaron a las autoridades militares argentinas, pero no expulsaron a un pueblo, porque no lo había. Desde entonces se desarrolló una sociedad colonial con familias que llevan hoy ocho o nueve generaciones viviendo sus vidas enteras en su hogar, su país: las Falkland. ¿Cuándo deja una población de ser “implantada”? ¿A los cincuenta años? ¿A los doscientos? ¿Nunca? Con esa doctrina habría que declarar “implantada” a buena parte de América, por no decir del planeta. Incluso si una población colonial surgió después del comienzo de un litigio, sus derechos humanos no decaen: generan una legitimidad sobrevenida........

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