Alamares en el cielo
De la tarde que cae como muerta, campanean unas vetas de sol en los tejados, y el clamor de la luz hace que una costra invernal se desvanezca en mis ojos. Andan en gracia los gorriones, vaporean aromas de heno los campos de las afueras de la ciudad, y a las gaviotas les ha mordido ya el veneno del instinto carnal. Si es un paréntesis en la galerna, que sea eterno, aunque sea mentira.
Los mayores de la ciudad se echan a las calles con la ilusión primera y pueblan bancos y terrazas. Recortan flores tempranas en los arbustos, arrojan un mendrugo de pan a los bichos de los parques, y sonríen en silencio ante las pantomimas de los nietos, mediado el rostro por el sol, libres al fin sobre el suelo sequísimo entre jardines. Menos de un mes para la primavera, y ya percibimos sus aromas sensuales, porque otro año hemos sido heridos por el frío, porque la lluvia lo ha vuelto todo reuma, porque el aire está hediondamente condensado en esta España cansina y cansada. Nación entristecida y aún lluviosa, nación perdida.
Taconean sus zapatos las muchachas elegantes, en el entretiempo de los abrigos que sobran, pero con........
