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Después de Maduro: Régimen, estado y transición

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04.01.2026

La detención de Nicolás Maduro no equivale, todavía, a la caída del régimen chavista.

Confundir ambos planos —el del líder y el de la estructura de poder— sería el primer error analítico de esta coyuntura. Lo que se abre en Venezuela no es una transición automática, sino un momento incierto en el que el régimen intenta reacomodarse, fragmentarse o resistir para sobrevivir. El chavismo ha sido, desde hace años, algo más que un gobierno personalista. Es una coalición compleja que articula mandos militares, control partidario, redes económicas opacas y grupos paraestatales.

Por eso, la ausencia de Maduro en la cúspide no disuelve de inmediato los resortes que permiten al régimen operar. El riesgo principal no es el vacío de poder, sino la simulación de continuidad: que el régimen se presente como reformado mientras conserva intactos sus mecanismos de coerción.

El punto de partida de cualquier transición es un país exhausto. Venezuela ha perdido más de siete millones de personas por migración forzada, una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo contemporáneo, comparable sólo con Siria. Más del 90% de la población vive en situación de pobreza, y amplios sectores dependen de remesas, asistencia informal o economías de subsistencia. La reconstrucción institucional deberá hacerse, además, con un Estado debilitado por la fuga de capital humano y administrativo.

En el plano interno, los movimientos recientes apuntan precisamente a esa lógica de contención. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ajustó su discurso tras reunirse con Vladimir Padrino López —ministro de la Defensa—, confirmando que el eje militar sigue siendo decisivo. En los regímenes........

© La Razón