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La cultura no debe ser rehén de la guerra

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El Perú ha sido, desde siempre, un país abierto al mundo. Nuestra historia está marcada por el mestizaje, la inmigración y el encuentro de culturas. Hemos recibido con hospitalidad a europeos, asiáticos, árabes, africanos y latinoamericanos, sin importar sus diferencias políticas, religiosas o ideológicas. Esa vocación universal constituye uno de los mayores orgullos de la nación y también uno de los principios que han inspirado tradicionalmente nuestra política exterior.

Precisamente por ello resulta preocupante observar cómo un conflicto ajeno, como la guerra entre Rusia y OTAN-Ucrania, comienza a proyectar sus sombras sobre la vida cultural peruana.

No se trata de debatir quién tiene razón en esa guerra. Cada persona es libre de formarse su propio juicio. Tampoco se trata de defender las decisiones de uno u otro gobierno. Se trata de algo mucho más importante: defender el derecho del Perú a decidir soberanamente su vida cultural sin interferencias externas.

La cultura no puede convertirse en un campo de batalla.

En 2022, el afamado Coro Turetsky y Soprano, de Rusia, obtuvo autorización para presentarse gratuitamente en el Circuito Mágico del Agua con el concierto «Canciones de la Unidad». Horas después, el permiso fue revocado por presión del embajador ucraniano y la presentación cancelada, decisión que generó un amplio debate público. Finalmente, el espectáculo pudo realizarse en el distrito de Barranco, donde miles de peruanos disfrutaron de un evento dedicado a........

© La Razón