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Elogio del insulto

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22.08.2026

Mandarle a alguien a la mierda –como en aquella ocasión en la que, durante la madrileña Feria del Libro de 1999, Fernando Fernán Gómez lo hizo con voz grave y estentórea para librarse de un lector molesto– es un exabrupto frecuente y castizo que se pronuncia casi siempre para evitar insultos mayores. Claro que, a veces, para ofender sutilmente, se alude a ella apelando a su fuente, como en aquella inscripción que un familiar mío encontró en unos retretes públicos de Vitoria: «Cagad tranquilos, cagad contentos, pero, marranos, cagad........

© La Razón