Cancelando a Picasso
Parece que ya nadie, ni la mismísima Rosalía –quizás ella menos, por serlo–, puede sucumbir a la tentación de admirar a un artista, por genial que sea, si ha cometido cualquier tropelía. Rosalía se atrevió a declarar que separaba la obra de Picasso de la persona… Y le llovieron las críticas. Los fans, los amantes y los amigos..., todos censuraron su «inaceptable» actitud; y ella, supongo que entre la confusión y el miedo que provocan las redes, no dudó en entonar un instantáneo mea culpa. Es curioso. Cuando escribí «Lo que la primavera hace con los cerezos», sobre los amores y desamores de artistas, utilicé como título del libro ese hermoso verso de Neruda, uno de los mejores poetas en castellano…, pero también el mal padre de una hija con hidrocefalia a la que injuriaba y abandonó, y el autor de una violación que confesó en sus memorias… Descubrí historias perversas protagonizadas por toda suerte de creadores. Desde los negocios de esclavitud de Zorrilla hasta las palizas que Lennon le propinaba a su primera mujer y a otras tantas hasta que abandonó las drogas y se hizo pacifista, pasando por las sesiones de fotos a niñas impúberes desnudas o casi desnudas de Lewis Carroll, los desorbitados insultos que Dickens le dedicaba a su esposa en público o los mil y un episodios violentos del bebedor y atormentado Bukowski. Y, por supuesto, las de Picasso, que utilizó, exprimió y torturó a todas sus parejas (dos de ellas se suicidaron cuando ya no tenían relación con el pintor).
Hay muchos (y muchas; Ann Perry y una amiguita asesinaron a la madre de la última con quince años) más. En mi ensayo y fuera de él. De todas las disciplinas. Diré para empezar que nadie soportaría la luz de un foco 24 horas al día; también que todo el mundo tiene escaparate y trastienda, aunque tantas trastiendas, sobre todo de gente común (algunas oscurísimas), queden ignotas. Y además, que hay mucha hipocresía respecto a qué genios tachar o no. ¿A Picasso, sí? Pues ahora díganme, con el corazón en la mano: si mañana descubriesen que Fleming era un asesino, ¿dejarían de utilizar la penicilina? ¿Y si se hiciera público que Edison fue un maltratador, apagarían la luz del mundo? Nada que añadir, señoría…
