Una obsesión patológica
Hay que reconocer que Pedro Sánchez ha conseguido algo que parecía imposible: convertir la supervivencia política en una disciplina olímpica. Si algún día se celebran los Juegos de la Resistencia Institucional, ya pueden ir encargándole la medalla de oro. Ahora bien, conviene recordar una obviedad que a veces se pierde entre tanto aplauso interesado y que Abascal recordó el miércoles en el Congreso de los Diputados: las cucarachas también le ganan a casi cualquier especie en resiliencia (odio esta palabra) y eso no las hace más admirables. La capacidad de aguantar, por sí sola, no es una virtud. Depende de qué se aguanta, para qué se aguanta y a costa de quién se aguanta, porque existe una tendencia cada vez más preocupante a confundir permanencia con legitimidad. Como si el mero hecho de seguir ahí bastara para justificar cualquier cosa. Y no. No se puede normalizar lo inadmisible. Repetir una conducta cuestionable durante mucho tiempo no la convierte en ejemplar;........
