Toledo (y II)
En estas «tribunas» no dejan de ser balcón abierto a nuestros lectores, dueños de someternos a juicios que en muchos casos constituyen curas de humildad para quienes nos atrevemos a escribirlas. Reconozco que la mayoría de puntualizaciones que me llegan son ciertas y, si tengo ocasión, las reconozco y agradezco.
¡Todo un máster para quien escribe!
Toledo da para muchos comentarios, porque su historia y su alma están muy metidas en nuestra vida como españoles. Y en esta ocasión, pasado con brillantez su tradicional Corpus, que ha revivido el Papa estos días en Madrid, me recuerda un lector amigo desde Barcelona unos conocidos versos de Gómez Manrique (1412-1490) grabados en la escalera de acceso a la Sala Noble del Ayuntamiento de la bella y querida ciudad del Tajo, de la que era Corregidor:
«Nobles, discretos varones/que gobernáis a Toledo/en aquestos escalones/ desechad las aficiones/ codicias, amor y miedos./ Por los comunes provechos,/dejad los particulares,/ pues os fizo Dios pilares,/de tan riquísimos techos».
Ni una puntada sin hilo la de aquellos escritores de nuestro Siglo de Oro. Frente a la arrogancia: discreción; frente a aficiones, codicias, amores y miedos –hoy cada día más frecuentes–, los olvidados........
