Houston, la Derecha tiene un problema
Mientras Donald Trump habló esta semana en términos que rozan la destrucción total, algo más silencioso empieza a notarse. O, mejor dicho, empieza a hacerse demasiado visible: la derecha de ruptura que prometía orden comienza a perderlo.
No es un episodio aislado. Es un síntoma. Hace años, una facción de la derecha occidental viene construyendo su fuerza sobre una idea simple y eficaz: romper. Romper con lo políticamente correcto, con las élites, con los consensos, con las formas. La ruptura era el método y también el mensaje. Funcionó. Ganaron elecciones. Impusieron agenda. Cambiaron el lenguaje.
Pero ahora aparece el problema que nadie quería mirar: romper es mucho más fácil que gobernar sin romperse a uno mismo. Trump en Estados Unidos. Giorgia Meloni en Italia. Marine Le Pen en Francia. Viktor Orbán en Hungría. Javier Milei en Argentina. Y Santiago Abascal, que intenta mandar en España. Nombres distintos, contextos distintos. Pero una incomodidad empieza a repetirse: la novedad ya no alcanza, la furia ya no ordena. La narrativa ya no compensa por sí sola el desgaste, ni mejora el bolsillo, ni corrige la fatiga.
La cronología ayuda a verlo. En Estados Unidos, primero llegó la amenaza verbal de Trump sobre Irán; después, el desconcierto republicano; y enseguida, la sensación de........
