Sobre el insulto a los jueces
La presidenta de la Asamblea madrileña, entre el griterío y tras una cuádruple llamada al orden, expulsa a un diputado. Obediente, los espectadores youtuberos solo le vemos recoger sus cosas; habla airado, pero no le oímos y se va caliente. Y en tiempos futboleros, apelo a su terminología: al salir hubo tangana entre el expulsado y otro parlamentario. Quizás el Diario de Sesiones madrileño todo lo resuma con un atinado sustantivo –«gritos»–, condensador de aquel tiberio, ardid de taquígrafos que evita que pase a la historia del parlamentarismo regional lo intranscriptible. Sí constará el lamento de la presidenta, dueña absoluta del micrófono: «¡Señor Fernández Lara, por favor, señor Fernández Lara; señor Serrano, por favor, señor Serrano…!». Sí, por favor, pero hubo tangana.
Esto ocurría, ojo al dato, al día siguiente del histórico discurso de León XIV en las Cortes Generales. En él, y entre otras relevantes ideas, dejaba constancia de una «profunda crisis espiritual y cultural que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca». Y añadía que «en este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama........
