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03.07.2026

Tras la crisis petrolera de los 70, algunos expertos dijeron que se hacía imprescindible caminar hacia una economía menos dependiente del oro negro, para evitar así el brutal colapso de los mercados que se produjo en aquel entonces. La realidad es que han ido pasando los años y, aunque sin la mono-dependencia de entonces, el mundo sigue vinculado a la producción de crudo de manera bien visible, pese a los esfuerzos globales por descarbonizar las economías para combatir el efecto invernadero. Tanto es así, que solo el cierre del Estrecho de Ormuz ha generado una crisis global más que preocupante, al privarse al mercado de dos mil millones de barriles, el cinco por ciento de la oferta mundial. EE. UU. se ha visto obligado a aumentar drásticamente la liberación de sus reservas estratégicas, igual que otros productores, situando al planeta en una situación de mínimos con relación a el petróleo almacenado. La guerra de Irán ha provocado, además, una de las peores trampas inflacionarias que se recuerdan.

La crisis de Ormuz ha vuelto a plantear la necesidad de generar alternativas sólidas a los combustibles fósiles. Cierto que las economías son hoy........

© La Razón