Toneladas de caca en la ciudad
El anterior domingo se dio la casual paradoja de que fuimos a pie –tal es la exigencia de nuestro sistema electoral– a votar por un nuevo alcalde remando entre toneladas de caca de perro distribuidas por todas partes, aceras, pistas, plazas, umbrales y puentes urbanos.
No tengo ninguna inclinación escatológica, así que escribir el anterior párrafo me produjo tanto asco como seguramente a ustedes, lectores, el leerlo.
Le invitamos a leer también: El equipo Bryce Echenique
Pero bueno, lo cierto es que la cosa existe, y de todo lo que existe es posible escribir y leer. He tenido un par de experiencias cercanas con ello, supongo que como todos, y considero que tal “paso” es la peor mala pata que uno pueda tener. Corresponde al orden de lo sádico que se quiera presentar, supersticiosamente, como lo contrario: un golpe de buena suerte.
Pero aun sin caer del todo en ello, si se me entiende, caminar a través de un campo minado con bombas biológicas de todas las formas, colores y consistencias, no es precisamente disfrutar de la “calidad de vida” de la que tanto hablaron los contendientes municipales.
Me preguntarán a quién culpo de este desborde de detritos sobre las calles de nuestra ciudad y, claro, siguiendo la lógica........
