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Confieso que fui al Ángel

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Confieso que fui al Ángel a celebrar uno de los triunfos de la Selección Mexicana. Más bien, acompañé temeroso a un adolescente que insistía en ir. Justo acabando el partido y llegando desde la colonia Roma, el río de gente que fluía hacia Reforma era de clases medias y alta. Ya más tarde, alrededor del monumento, había muchos mexicanos de sectores populares. Quienes desgraciadamente murieron asfixiados fueron un pastor cristiano y una joven estudiante universitaria de Ecatepec.

Los griegos le llamaban hybris a los excesos emocionales. La tragedia humana deriva de que algún rasgo de nuestro carácter (hamartía) se desborde por la hybris. Por ejemplo, a quienes de por sí son imprudentes se les ocurrió, tras el triunfo de nuestro equipo, treparse en puentes y postes de luz o zangolotear autos con todo y........

© La Razón