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El cine que no siempre vemos, aunque vayamos

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18.07.2026
El cine que no siempre vemos, aunque vayamos Barrio

Hace unas semanas acudí a una comida en un club de debate que suele traer invitados preparados e interesantes. En este caso se trataba de un conocido crítico cinematográfico. Su intervención inicial fue amena y simpática, así que se metió al público en el bolsillo. Me gusta mucho el cine. De niño, mis padres nos llevaban casi todos los domingos. Así que disfrutamos de tardes maravillosas, entre historias, paisajes y aventuras. Nos aislaban del ambiente, un poco soso, de las tardes dominicales de los sesenta. También servían para estimular la curiosidad, provocar la imaginación y mejorar nuestra cultura. Ya más mayorcitos, el cine se convirtió, además, en un instrumento de diálogo y de formación de la personalidad en torno a criterios morales y anhelos universales. He intentado hacer lo mismo con mis hijos.

Me sorprendió que el argumento fundamental del ponente consistiese en considerar al cine, casi exclusivamente, como un instrumento para el ocio, en el que las cuestiones culturales, ideológicas o educativas no cuentan para nada. Llegó a decir que para él daba igual Torrente que Casablanca. Así como lo oyen.

Decidí participar en el coloquio. Hice referencia a películas que significaron algo más que un espectáculo para pasar el rato. Una de ellas, “Un hombre para la eternidad”. La maravillosa historia de Tomás Moro, genialmente narrada por Fred Zinnemann. En su........

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