Los efectos políticos de la guerra
La guerra de Irán beneficia a Sánchez, daña a Abascal y deja a Feijóo como estaba. El líder socialista saca provecho electoral del conflicto con su «No a la guerra»; al de Vox le perjudica su cercanía a Trump en estas circunstancias, y al presidente del Partido Popular su prudente equilibrio no le acarrea perjuicios ni beneficios. Eso apuntan los sondeos. Sánchez recupera un momentáneo favor de la izquierda y del electorado con su combativa actitud pacifista y «antitrumpista», a la vez que frena el deterioro del Gobierno y el latente acoso judicial. Abascal sufre la primera crisis seria de su formación con fuego cruzado desde dentro y desde fuera. Y Feijóo, quieto en la mata hasta que escampe, ha preferido dejarse de aspavientos y ha prestado al Gobierno una lista de medidas para hacer frente a la crisis energética derivada de la contienda.
El silbido de los misiles y el estruendo lejano de las bombas ha amortiguado en gran manera el ruido interior de la política, del que apenas ha trascendido en las últimas semanas el desenlace de los comicios de Castilla y León, las luchas internas de Vox a cara de perro y las desavenencias en el Consejo de Ministros, con plante incluido de los socios extremistas y con el quebrantamiento del secreto de las deliberaciones. A Pedro Sánchez la guerra le ha servido para recuperar la iniciativa política y fortalecer dentro y fuera de España su imagen de caudillo progresista, una especie de Quijote español que se enfrenta a las fuerzas del mal. Por el contrario, el líder del Partido Popular no ha conseguido, a pesar de sus duras diatribas contra el presidente en las sesiones de control parlamentario, revertir la situación y demostrar el riesgo de las quijotadas para España.
La guerra está salvando de la quema al sanchismo, aunque los ayatolás pongan su imagen y le den las gracias en las pegatinas de los misiles lanzados contra Israel. Los tiranos iraníes consideran que el presidente del Gobierno español está de su parte. Sánchez les ha pedido que abran el estrecho de Ormuz. A ver si le hacen caso. Sería la prueba de su utilidad en este conflicto.
En fin, anoto, como ilustración curiosa, una vieja historia de La Moncloa. Alguien le regaló a Adolfo Suárez un precioso globo terráqueo que él tenía en la mesa de su despacho. Entusiasmado, acostumbraba a mostrar a cualquier visitante un punto en el globo iluminado: el estrecho de Ormuz, que consideraba el punto clave, el más estratégico del globo. Y algunos visitantes se reían.
