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Racismo

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23.02.2026

Archivo - Menores no acompañados / PEDRO ARMESTRE - Archivo

El odio al emigrante es ahora cosa del mundo entero…, excepto el universo en el que habita la tristeza de los que no pueden salir de ese atolladero que está entre la pobreza y el racismo… En un tiempo nosotros, los chicos del barrio, los que vivíamos pendientes de que corriera o no el barranco, no sabíamos lo que era el racismo.

Una vez un muchacho del barrio, que era inglés y que vivía allí con sus padres, me arrojó un vómito de leche caliente. Yo no dije nada, sino que me fui a otra parte. En la escuela nos trataban como si fuéramos apestados, pero nosotros no sabíamos que también se nos podía tratar de otra manera. En el colegio, cuando pudimos ir, éramos los pobres y eso se notaba, pero nosotros no lo sabíamos. «Y aquellos que, como Fulano y Zutano, tienen beca, se tendrán que ir de aquí a no ser que aprueben todo». Yo era Fulano.

Ser pobre era como tener una piel distinta a la que tenían los que vivían con otros posibles. Una piel, una ropa… La alegría era lo único que se vivía en el barranco. Ninguna tenía una ropa mejor que la del otro. Éramos equivalentes, nadie era mejor que nadie. La risa era nuestro juguete, y yo viví con ese juguete que a veces no era nada, porque los Reyes no venían por el barrio. Pasó el tiempo y, claro, ya supimos casi todo, pero era tarde para que nos devolvieran la escuela, la dignidad o la comida.

Así que luego supimos lo que era ser pobre y juro por aquel tiempo y por la vida de entonces que racismo no era tan solo aquello que sufrían los que venían de fuera y eran negros. Racismo era también la burla que se hacía de los que no tenían otra manera de ganarse la vida que la limosna o cualquiera de las variantes de la mendicidad. Pero nosotros no éramos mendigos, sobre todo porque no........

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