Los padres en el barranco
Rescate en el Guiniguada por la borrasca Therese
Mis padres reían y yo los veía reír. No era común la risa entonces. Un niño como yo estaba por hacerse, así que no podía saber por qué los padres no reían. En realidad, el barrio no reía, aunque hay algunas fotografías, que heredé y están en casa, en las que se les ven riendo, pero también tristes, a ellos y a mi madre con los vecinos.
La vida está llena de estos hechos, la risa, el llanto, la vida en casa, los amigos, los compañeros de la escuela, la foguetería, el hambre, la tristeza, el primer amor, los secretos. Todo se va haciendo como si uno lo esperara siempre, en la niñez, en la infancia, en la primera juventud.
La primera novia no era tal, pero yo me hice a la idea de que lo sería para siempre. Mi primer trabajo fue chiquito: recogía cañas para preparar las ruedas de fuego. En un tiempo creí que la vida era un camioncito de vergas que me regaló mi hermano varias veces como regalo de Reyes. Mientras creí que los Reyes Magos vendría siempre aquel cochito de vergas, que yo vi hacer, era un misterio que venía con los Reyes.
Hasta que, claro, supe quiénes eran los reyes, y hasta hoy. Cuando sabíamos algo de la vida que iba viniendo me mandó mi madre a recoger los reyes a la casa de los padrinos. Tocamos a la puerta, mis hermanas y yo, y los padrinos, que eran más ricos, nos dijeron desde un ventanillo, sin abrir la puerta:........
