Escuchando hablar a Beatriz de Moura
Murió Beatriz de Moura, a los 86 años, en Barcelona, seis años después de que comenzara a sentirse ajena al mundo, alegre con los suyos, a los que no llegaba a reconocer, extrañada de su propio ser, ausente. Dirigió durante cuarenta años una de las grandes editoriales del mundo, Tusquets, cuya gestión fue siempre suya, potente, severa y apasionada. Su sucesor, Juan Cerezo, fue su amigo siempre, también en la penumbra de los años oscurecidos de esta mujer inolvidable. Fue una amiga entrañable de don Domingo Pérez Minik, que escribió para ella su espléndido libro Facción surrealista de Tenerife, uno de los grandes libros del maestro…
En la gran época de la editorial plenamente suya fue asistida muy de cerca por quien fuera su marido, Toni López, que le regaló alegría y pasión por lo que ella misma sabía hacer: revolver la historia a favor de la literatura. La entrevisté muchas veces, y en una ocasión para mi inolvidable la entrevista se convirtió en libro cuyo título, Por el gusto de leer, publicado por sus propios editores, Juan Cerezo, Josep María Ventosa, es para mí un legado y una reliquia.
Nos vimos tantas veces… Era dura y sabia, tranquila, risueña y condolida, pero también era una muchacha que no dejó de serlo tampoco cuando ya no nos conocía. No la vi nunca en ese estado, aunque en esos raros duermevelas de los últimos años, antes de su derrumbe, sí la encontré (quizá como yo ahora mismo) expresando con rabia el camino sin fin de la partida.
La entrevisté, ya digo, muchas veces, en Madrid o en Barcelona, o en Frankfort, adonde iba cada año a explicarle al mundo del libro cuáles eran sus pasiones de lectura y de vida, los libros que hacía, los libros que seguían pendientes, sus mejores libros por hacer, españoles o extranjeros.
Escribir de ella se me hace como un nudo en la garganta. Cuando supe que Beatriz acababa de morir, el viernes 17 de abril, yo acababa de bajar de un avión en La Orotava, donde me esperaban grandes amigos a los que debía una conversación en el Liceo de Taoro. Los compañeros de El País me pedían una crónica que subrayara su paso por la tierra, y en ese........
